San José Obrero

La Iglesia Universal celebra el 1.º de mayo la fiesta de San José Obrero. A propósito de esta fiesta, San Juan Pablo II decía en una ocasión:
Enlace copiado
Enlace copiado
“La fiesta de ‘San José Obrero’, patrono del trabajo, fue instituida por el papa Pío XII en el año de 1955, con el propósito de cristianizar el Día Internacional del Trabajo o Día Internacional de los Trabajadores. En los antiguos textos griegos del Evangelio según San Mateo, se refiere el oficio de San José como «technítis» o «tékton», que traducido al español es artesano u obrero”.

Desde antiguo, como lo denotan tan variadas traducciones de los Evangelios, se popularizó en la Iglesia Universal atribuir a San José el oficio de carpintero, pero esto, en forma alguna, contradice la idea inicial, ya que en tiempos de Jesús los carpinteros no se dedicaban únicamente a la elaboración de muebles de madera y similares como hoy en día, también eran verdaderos albañiles, que se dedicaban a la construcción sobre todo de pequeñas viviendas, por tanto, verdaderos artesanos y obreros.

Pero lo especial de José de Nazareth no fue haber sido carpintero, artesano u obrero en sí, aunque con ello contribuyó a santificar el trabajo y los oficios de tantos hombres y mujeres que así se ganan la vida.

Lo especial es que este José del que hablamos es santo, no solo por haber sido escogido para ser el padre terrenal de Jesús (una gran dicha y una gran misión, sin lugar a dudas), sino también porque con su vida de virtudes trabajó la santidad y su ejemplo sigue edificando nuestra Iglesia a lo largo de los siglos.

Para la mayoría de los hombres y mujeres que habitan el mundo entero, su condición es de trabajador. No todos como obreros, pero sí ganando el pan con el sudor de su frente; cada uno en su lugar, unos realmente como obreros, pero otros como empleados de distintas categorías, desde los más sencillos hasta los más encumbrados en la escala del trabajo, como gerentes, directores de empresas, presidentes de estas, etcétera, pasando por secretarias, digitadores, vigilantes, encargados de la limpieza, etcétera.

Por eso, todos y cada uno de nosotros debemos santificar nuestro trabajo, sea el que sea. En primer lugar realizándolo bien –hay una gran diferencia entre un trabajo bien realizado y un trabajo hecho a medias, descuidado, con muchos errores, etcétera–. En segundo lugar, debe ser hecho cara a Dios, es decir, ofreciéndolo al Señor. El trabajo así realizado se convierte en oración a Dios, que Él acoge con gusto, porque viene de uno de sus hijos.

La Sagrada Escritura lo llama “hombre justo” y en el sentido evangélico, la justicia no es más que “hacer la voluntad de Dios”. Construir una vida de santidad no es tarea fácil, pero te puede ayudar el ejemplo de San José, un obrero Santo.

Podría decirse más, pero este es el porqué. Vive esta fiesta de San José Obrero, no solo con mera devoción, ni como una más en el año, sino teniendo al padre de Jesús como modelo de vida para que tú también puedas ser “obrero santo”.

Este día, en tu oración, ruega a Dios por intercesión de San José que te permita vivir ese amor comprometido, escucharle en la fe, renunciar a nosotros mismos y glorifícalo a Él que es bueno y santo. Que te conceda la gracia de cuidar a Jesús y de aceptar a María. Que el Señor Jesús nos conceda como a San José ser artesanos de la obra de Dios y obreros de la viña del Señor.
 

Lee también

Comentarios

Newsletter