San José custodio de Jesús

El 19 de marzo celebra la Iglesia Universal la fiesta del Patriarca San José, esposo de la Santísima Virgen María y Padre Putativo de Nuestro Señor Jesucristo, Tercera Persona de la Santísima Trinidad.
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Hace algún tiempo decía el papa Francisco en una de sus homilías: Hemos escuchado en el Evangelio que “José hizo lo que el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer” (Mt 1,24). En estas palabras se encierra ya la misión que Dios confía a José, la de ser custos, custodio. Custodio de María y Jesús; pero es una custodia que se alarga luego a la Iglesia, como ha señalado san Juan Pablo II: “Al igual que cuidó amorosamente a María y se dedicó con gozoso empeño a la educación de Jesucristo, también custodia y protege su cuerpo místico, la Iglesia, de la que la Virgen Santa es figura y modelo” (Exhort. ap. Redemptoris Custos, 1).

San José ejerce esa custodia con discreción, con humildad, en silencio, pero con una presencia constante y una fidelidad total, aun cuando no comprende. Desde su matrimonio con Santa María hasta el episodio de Jesús en el Templo de Jerusalén a los doce años, los acompaña en todo momento con esmero y amor. Está junto a María, su esposa, tanto en los momentos serenos de la vida como en los difíciles, en el viaje a Belén para el censo y en las horas temblorosas y gozosas del parto; en el momento dramático de la huida a Egipto y en la afanosa búsqueda de su hijo en el Templo; y después en la vida cotidiana en la casa de Nazaret, en el taller donde enseñó el oficio a Jesús.

Pero también custodia con la atención constante a Dios, abierto a sus signos, disponible a su proyecto, y no tanto al propio; y eso es lo que Dios le pidió a David: Dios no quiere una casa construida por el hombre, sino la fidelidad a su palabra, a su designio; y es Dios mismo quien construye la casa, pero de piedras vivas marcadas por su Espíritu. Y José es “custodio” porque sabe escuchar a Dios, se deja guiar por su voluntad, y precisamente por eso es más sensible aún a las personas que se le han confiado, sabe cómo leer con realismo los acontecimientos, está atento a lo que le rodea, y sabe tomar las decisiones más sensatas. En él vemos cómo se responde a la llamada de Dios, con disponibilidad, con prontitud; pero vemos también cuál es el centro de la vocación cristiana: Cristo.

Por eso, ha sido nombrado Patrono de la Iglesia Universal, para que, como lo realizó con Jesús y con María, la custodie a ella y a todos nosotros los que la formamos y habitamos en todo el mundo, trabajando por el Reino de Cristo y procurando ganarnos con nuestro trabajo ordinario, el cielo para nosotros y para muchas personas que, de alguna manera, están en contacto con nosotros en el lugar donde realizamos nuestro trabajo, en el hogar, en la sociedad.

Vamos a acudir al Glorioso Patriarca, San José, para pedirle que interceda ante Jesús y nos consiga todas las gracias que necesitamos para estar muy cerca de Dios siempre y en todo lugar y para actuar siempre pensando en los demás. Que él nos lleve también a su Esposa, la Santísima Virgen María, Nuestra Madre y por Ella, lleguemos a Jesús, que es lo único que debe importarnos en nuestra vida en la tierra, para asegurarnos su posesión en la Vida Futura en el Cielo, para siempre.

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