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San José: figura clave para la salvación

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Rutilio Silvestri

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El 19 de marzo, la Iglesia Universal celebra la fiesta del Patriarca San José, esposo de la Santísima Virgen, Madre de Jesús, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad.

En una de sus homilías el papa Francisco se centró en la figura del Santo Patriarca, esposo de la Virgen María, Madre de Dios, y en sus emociones durante el embarazo de María y los días previos al nacimiento de Jesús.

La importancia de la figura de San José, y de la educación en lo humano que proporcionó a Jesús durante su infancia, para la historia, que fue, en realidad figura clave para la salvación del género humano.

Cuando María vuelve de visitar a su prima Santa Isabel, San José descubrió que estaba embarazada, y se desata una lucha en su interior: no entiende cómo ha sido posible aquello, puesto que conoce la pureza de su esposa.

En aquella lucha sentía la voz de Dios que le decía: Levántate, toma a María y llévala a tu casa. Hazte cargo de la situación.

La reacción de San José fue ejemplar: San José no fue junto a sus amigos a confortarse; no fue a los adivinos para que interpretasen su sueño. No: él creyó. Afrontó la situación con fe.

¿Pero en qué consistía esa situación? ¿De qué se debía hacer cargo San José? De dos cosas: de la paternidad y del misterio en que consistía esa paternidad: San José se hizo cargo de una paternidad que no era suya, que venía de Dios Padre.

Y llevó adelante la paternidad con todo lo que ello implicaba: no solo sostener a María y al niño, sino también hacer crecer al niño, enseñarle el misterio, llevarlo a la madurez del hombre:

Y esto sin quejas, sin decir una palabra a nadie; guardando el secreto que existía entre Dios y él: en el Evangelio no hay ninguna palabra dicha por San José. Es el hombre del silencio, el hombre de la obediencia silenciosa.

En este sentido, el silencio de San José también proporciona una importante enseñanza. San José toma en sus manos este misterio y ofrece su ayuda: con su silencio, con su trabajo hasta el momento en que Dios lo llama para darle el premio merecido en el Cielo.

De este hombre que se hizo cargo de la paternidad y del misterio se dice que era la sombra del Padre: la sombra de Dios Padre, porque realizó un oficio recibido directamente de Dios y para Dios, pasando desapercibido, como un padre de la tierra como tantos otros.

Y si Jesús hombre aprendió a decir papá y padre, a su Padre del Cielo, que conocía como Dios, fue gracias a que lo aprendió de la vida, del testimonio de San José: el hombre que custodia, que hace crecer, que lleva adelante la paternidad y el misterio, que no piensa en él mismo, sino solo en realizar la Voluntad de Dios.

Acudamos a San José, Santo Patriarca, para pedirle ayuda para que aprendamos a comportarnos como verdaderos hijos de Dios, para amarle y para ser instrumentos suyos con todas las personas que nos rodean.

Acudamos también a su esposa, la Virgen María, que es Madre Dios y madre nuestra.

Tags:

  • San José
  • papa Francisco
  • paternidad
  • silencio
  • testimonio

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