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San Salvador 2018-2021

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Napoleón García / Presidente Censura Cero

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La ciudad como sistema específico de relaciones sociales, económicas y culturales, tiene un rol estratégico en el desarrollo económico y la calidad de vida de sus habitantes. Es por esto que la gestión pública de las alcaldías se debe realizar desde tres enfoques: uno político, un rol estratégico y un proceso integrador. Sobre todo, cuando se habla de ciudadanos y no de habitantes.

San Salvador, desde una perspectiva política, es una ciudad poco democrática y con una estructura social segregada. Además, el eje transversal de la planificación urbana ha sido la articulación entre sus ciudadanos y las actividades de consumo que realizan. A raíz de esto, el proceso de creación de infraestructura ha sido funcional y no pensada en la calidad de vida de sus ocupantes. Como consecuencia, uno de los retos del futuro alcalde es crear proximidad a través de una visión política que legitime la democracia local.

Lo anterior no se logra solo con las construcción de canchas de fútbol dentro de comunidades, sino con puntos de encuentro entre sectores que se han fragmentado con el tiempo. Apostar por los equipamientos sociales y el acceso a estos es una de las tareas básicas que se deben iniciar en el Área Metropolitana de San Salvador.

Además, el alcalde debe comprender los límites económicos, sociales, políticos y espaciales de su gestión, ya que ningún gobierno puede argumentar incompetencia local cuando existe un problema social. A esto se le conoce en el mundo académico como principio de capacidad. Ahora bien, si realmente le estamos apostando a convertir San Salvador en una ciudad inteligente con tecnología al servicio de todos, el rol estratégico no consiste únicamente en unificar sistemas de videovigilancia entre Santa Tecla, Antiguo Cuscatlán y San Salvador. Por el contrario, debería incentivar la discusión sobre el derecho a la innovación política e incluir a todos en la construcción de una red que permita dar paso a la apropiación de tecnologías en nuestra capital.

Por otro lado, la gestión municipal puede medir su nivel de gobernabilidad a través de la capacidad de concertación que tiene con los diferentes actores en la ciudad. Lo cual, permite establecer los niveles de jerarquía dentro de la toma de decisiones institucionales. En la actualidad, existe desconfianza hacia la inversión público-privada para equipamientos públicos por parte de sectores sociales. En este caso, el gobierno local debe tomar un rol de coordinador y mediador para que los diferentes intereses sean representados en la construcción de San Salvador.

Debemos tomar en cuenta que no existen procesos lineales de construcción de ciudades y sus ciudadanos. Pero sí enfoques políticos y estratégicos de cómo queremos que San Salvador funcione.

Por último, me gustaría finalizar con una palabras del geógrafo urbanista Jordi Borja: “No hay ciudadanía sin acceso a la educación y a la cultura de la ciudad, sin formación continuada, sin servicios de salud accesibles y sin servicios colectivos como el agua, el saneamiento y la climatización ecológica de los residuos”.

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