Santa Semana

Esta semana, como todos los años, estamos rememorando la Vida, Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Leemos los mismos textos, pronunciamos las mismas oraciones, visitamos las mismas imágenes, revivimos los mismos sentimientos; y sin embargo cada vez que anualmente viene a nuestro encuentro todo ese cúmulo de acciones y de sensaciones tiene una frescura y una luminosidad que parecen nunca antes experimentadas.
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Para los creyentes que somos, esto lleva un mensaje fuera de toda duda: Dios, que es una fuerza al mismo tiempo indescifrable y familiar, no deja en ningún momento de comunicarse con nuestra conciencia individualizada, y no sólo para recordarnos mandatos y para enviarnos mensajes, sino sobre todo para hacernos sentir en compañía. Porque hay que reconocer sin reservas ni temores: Dios, como principal maestro y como mejor compañero, no se separa jamás de nosotros, aunque con frecuencia le encargue la atención a ese personaje incomparable que es el Ángel de la Guarda. Alguien me dijo una vez, con sonrisa irónica: “¿Y usted sigue creyendo en el Ángel de la Guarda?” Y le respondí amablemente: “¿Y cómo no voy a creer si está aquí, a mi lado, saludando a su Ángel de la Guarda?” Pero bien, nos hallamos todos en el Lunes Santo, y lo mejor que podemos hacer es sentirnos gratificados por los influjos de esta breve temporada tan significativa. Hasta respirar tiene otro sentido en estos días.
 

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