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Se acabó

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Sandra de Barraza

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Está por concluir un año que deja huella profunda. Las elecciones presidenciales han marcado un antes y un después. Un antes, porque por decisión libre y democrática, se acabó el bipartidismo en el que tuvimos que sobrevivir. Desde la firma de los acuerdos de paz, los ejercicios electorales resultaron en dos fuerzas partidarias que mantuvieron atrapado al país en muchos aspectos. El estira y encoge fue la práctica, y en esa estira y encoge, la gente se sintió agredida, marginada y frustrada. Esas sensaciones son las que se hicieron evidentes en las elecciones.

Cerramos el año experimentando y viviendo en un nuevo entorno que, ventajosamente, da confianza y esperanza a la gente sobre el rumbo de país. Durante años, la queja de la gente de ir en un rumbo incorrecto se enfrentó con la indiferencia de los dos partidos políticos que se perdieron en intereses particulares dejando atrás el interés común. Ejemplos hay muchos y variados. Sobre el que escribí la semana recién pasada, el irrespeto a la ley transitoria para la estabilización de las tarifas de servicio de transporte público es ejemplo evidente de la práctica de legislar para unos pocos.

La percepción y sensación de la gente sobre el papel de los líderes y de los partidos políticos tradicionales que gobernaron durante los últimos 30-35 años están muy alejadas de su responsabilidad de hacer representar los intereses del pueblo adentro del gobierno. Los políticos de siempre quedaron atrapados en sus propios intereses, respondiendo a presiones internas o externas y allí se perdieron ignorando a todos aquellos a quienes debieron representar en su momento.

Cerramos el año con nuevas perspectivas. A diferencia de otros años, los diputados aprobaron el presupuesto 2020 y también han aprobado préstamos internacionales. Esto da certeza sobre el financiamiento a las prioridades de la administración pública para el próximo año. Esto es importante por el impacto anímico en la gente. También cerramos el año con la sensación de estar recuperando un ambiente de seguridad. La percepción generalizada es que "ahora sí se está haciendo lo que se debe". ¡Vaya!

También se está haciendo lo que se puede, aunque a veces forzándola, en el tema de impunidad y corrupción. El marco institucionalidad es claro y fácil de comprender y hay mucha expectativa sobre el compromiso con la probidad y lucha contra la corrupción. La Presidencia de la República dijo cumplir con una de sus promesas de campaña: conformar una CICIES.

Las declaraciones presidenciales y la inauguración de esa comisión internacional contra la impunidad tuvieron su inspiración en el vecino país en donde hubo movilización callejera y casos sonados de presidente, vicepresidenta, empresarios y más. Nada que ver nuestro caso. Aunque acá hemos tenido ejemplos que dan certeza sobre la importancia de la institucionalidad, sin CICIES, en nuestro país hay casos igualmente relevantes de investigación y de procesamiento que han sentado precedente.

Al cierre del año, las perspectivas de renovación están latentes. El Salvador ha acumulado importante experiencia democrática y tiene todo para aprovechar su enorme potencial. La actitud y el sentimiento de la gente es fundamental. Y hay un sentimiento favorable que seguramente se fortalece con señales claras y de eficacia en la gestión pública. Ojalá se aprovechen.

En contra de cualquier escéptico, el primer grupo de salvadoreños partió hacia Estados Unidos con sus papeles en regla. Partieron en condiciones menos desfavorables para los que sueñan con sacar adelante a su familia fuera de nuestra frontera. La Ciudad del Surf está ganando terreno y las iniciativas de inversión en grandes proyectos que han sido anunciadas, como es el caso del tren del Pacífico y el sistema de comunicación vial para ingresar a la ciudad de San Salvador desde el occidente, dan esperanza de que es posible dinamizar la economía. Ojalá se concreten.

Cerramos el año acercándonos con velocidad a nuevas elecciones y a la conmemoración de 200 años de independencia. El periodo preelectoral seguramente estará lleno de sorpresas entre adversarios político/partidarios. Ojalá se enfrente de manera seria la renovación de caras y de pensamientos. Ojalá que nuevos y frescos actores aparezcan en la palestra pública. Y ojalá que se fortalezca la sensación del rumbo correcto de país.

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