Se asoma otra crisis institucional

Desgraciadamente, tal parece que los autócratas proseguirán en su cometido, no importando el costo que ello acarree a la economía y a la sociedad salvadoreña.
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<p>Bien decían muchos analistas que no bastaba darle “salida” a la reciente crisis institucional sino que lo importante era darle “solución” a la misma. Los acuerdos tomados por los partidos políticos en Casa Presidencial le dieron cierta salida al conflicto en torno a la elección de los magistrados de la Corte Suprema de Justicia, pero para nada permitieron darle solución al conflicto de intereses que genera el tomarse en serio el ejercicio de la democracia, la independencia de poderes y el respeto a las leyes.</p><p>Y no podrá haber solución satisfactoria mientras persistan activos los intereses de aquellos partidos y personas que se retuercen incómodamente ante los destellos democráticos, como los vampiros ante la luz del día.</p><p>En otras palabras, mientras perviva el proyecto autoritario de control institucional en el interior de la alianza FMLN-GANA-CN-PES, los embates contra los esfuerzos democráticos continuarán.</p><p>En efecto, la alianza de los autócratas persiste en su intento de desarticular la Sala de lo Constitucional creando comisiones e investigaciones contra varios de sus respetados magistrados; continúa resistiéndose a publicar las sentencias de la Sala Constitucional en el Diario Oficial, mientras se publican las inconstitucionales resoluciones de la Corte Centroamericana de Justicia; han venido insistiendo en escudriñar la vida del magistrado González, a pesar de que se les cayeron sus difamaciones y acusaciones de violencia familiar, apoyadas por algunas organizaciones sociales satélites y de la primera dama; prosiguen reconociendo la competencia de la incompetente Corte Centroamericana de Justicia, de tal forma que puedan tener su propia “sala”, foránea, para neutralizar las sentencias que les resulten incómodas de nuestro máximo tribunal constitucional.</p><p>De nuevo se asoma el desacato, pretendiendo desconocer el mandato constitucional de elegir nuevamente al fiscal general. Todo ello con el fin de contar con un fiscal que los proteja de sus fechorías y actos de corrupción. Imposible aceptar un fiscal independiente, pues hay demasiada suciedad al descubierto.</p><p>Con su insistencia en desconocer la sentencia de la Sala de lo Constitucional respecto a la inconstitucionalidad de la elección del fiscal general, desconocen y reniegan de las bases que sustentaron los acuerdos que tanto costaron tomar en Casa Presidencial: una legislatura una elección de funcionarios de segundo grado, es decir que así como se aceptó que una legislatura debe elegir una sola vez magistrados se debe aceptar que una sola legislatura debe elegir una sola vez fiscal; la aceptación de la elección nominal y pública del funcionario; el cumplimiento de las sentencias de la sala.</p><p>Esas fueron las bases principales que permitieron dar salida al conflicto de la elección de los magistrados, funcionarios de elección de segundo grado, y por tanto deberían ser aplicables a todos ellos, en cuenta el fiscal general. Desconocer esto significa romper con las bases que permitieron los acuerdos que tanto costaron tomar en Casa Presidencial, significa despreciar los enormes esfuerzos hechos por llegar a tales acuerdos, irrespetar las buenas voluntades que hicieron posible dar salida a la crisis institucional en torno a la elección de los magistrados de 2006 y 2012.</p><p>Una nueva crisis se asoma en torno a la elección del fiscal, como se asomará respecto a todas aquellas sentencias que causan escozor a los autoritarios y corruptos.</p><p>Tal parece que para los autócratas no han sido suficientes los enormes costos que trajeron consigo los largos meses de crisis institucional, las energías desperdiciadas, las heridas dejadas, los recursos gastados, los graves problemas económicos y sociales descuidados.</p><p>Desgraciadamente, tal parece que los autócratas proseguirán en su cometido, no importando el costo que ello acarree a la economía y a la sociedad salvadoreña, pues tienen mucho que perder con la democracia y el respeto a las leyes: su supervivencia como cúpula partidaria, sus fortunas mal habidas, sus negocios ilícitos, sus pedestales de impunidad, sus corazas de protección institucional.</p><p>Ojalá las personas sensatas, honestas e inteligentes dentro de esos partidos recapaciten del hoyo sin retorno en que algunos de sus dirigentes los están metiendo.</p>

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