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¿Se atiende a las madres de personas con discapacidad?

Hace algunos días, me hice esta pregunta: ¿Quién atiende a las madres de personas con discapacidad? Fue duro comprender que no existen programas serios donde se brinde ayuda psicológica ni orientación o apoyo espiritual a las madres que recién se enteran de que sus hijos o hijas padecen una discapacidad. Y lo que es aún peor, cuando la discapacidad aparece en la edad adulta, las madres nos volvemos invisibles ante los ojos de quienes atienden a las personas con discapacidad y hasta para el mismo colectivo de PcD.
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Por lo anterior, quiero llamar a la reflexión a quienes dirigen instituciones y organizaciones cuya misión es atender y velar el cumplimiento de los derechos de las mujeres, para que entiendan que no deben enfocarse solamente en asuntos académicos, liderazgo, inserción laboral o justicia ante la violencia doméstica y social. Es necesario también desarrollar, crear y ejecutar programas de ayuda psicológica para aquellos casos en que las mujeres descubren una discapacidad en sus hijos o hijas, sean bebés o a cualquier edad.

Las madres de PcD somos las personas con mayor responsabilidad en el mundo. Muchas personas nos llaman ángeles de la guarda, otras nos dicen que somos una especie distinta de mujeres, ejemplos de fuerza, estudio, dedicación y entrega.

Pero la verdad es que solo somos mujeres que hemos sabido comprender y aceptar la voluntad de Dios. Sabemos por fe, que Dios tiene un gran propósito en nuestras vidas y en nuestros hijos e hijas.

Cuando una madre acepta la discapacidad de su bebé, hijo o hija y lo pone en las manos de Dios, logra salir adelante, educa en la materia de discapacidad y supera todos los miedos y prejuicios sociales. Por eso es tan necesario poder contar con ayuda espiritual y profesional, desahogarse, sacar fuera todo el dolor para colocar luego, la fuerza, el conocimiento, el deseo de salir adelante sin importar el entorno o lo que diga la gente. Es importante la ayuda psicológica para mantener unida a la familia.

Lamentablemente la mayor parte de padres y madres de personas con discapacidad se separan o divorcian, y esto se origina por la forma en la cual cada persona vive la noticia y por ende, su realidad en la discapacidad, todos los retos que ello implica, tanto en lo económico como en lo espiritual, entre otros factores.

Deseo decir a mujeres que actualmente atraviesan una realidad de tener hijos o hijas con discapacidad, que no están solas. Dios es quien da la fortaleza y la aceptación para emprender un proyecto de vida diferente al que teníamos planificado para nuestros bebés, hijos e hijas. Merecemos no ser invisibilizadas, todas tenemos derecho a la salud psicológica y a ser incluidas en programas de apoyo, para poder servir de guía a otras mujeres que atraviesen por lo mismo.

Todos debemos reflexionar sobre la importancia de nuestras madres a lo largo de nuestras vidas, pero también para reconocer que los meses dedicados a los hijos e hijas con discapacidad son todos los meses del año, sin horarios ni descanso.

Por tal razón, he querido demostrar lo maravilloso que es el amor de una madre por sus hijos e hijas, sin importar el color de la piel, los rasgos, el sexo o si tiene o no una o más discapacidades. El amor es eso: amar simplemente por el hecho de ser madres.

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