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Se busca una escuela…

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Oscar Picardo Joao

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Evelyn es madre de un niño salvadoreño extraordinario y talentoso. Lo descubrió a temprana edad, cuando comenzó a leer a los 3 años y a desarrollar capacidades atípicas. Al inicio no supo que hacer, y lo inscribió en un kínder. A las pocas semanas debido a su desarrollo precoz el niño comenzó a aburrirse y a hacer otras cosas en el aula. La maestra sabía menos que la mamá e intentó "aplacar" al niño y hasta le prohibía participar en clase.

Evelyn comenzó a informarse y a buscar respuestas; mientras tanto, el niño seguía avanzando y cada vez era menos comprendido. Se aburría en clase y seguía molestando. No tardaron mucho las autoridades del colegio en solicitar un diagnóstico psicopedagógico, ya que sospechaban de hiperactividad, el famoso TDAH, y una psicóloga hasta le recomendó el típico tratamiento farmacológico: Ritalina. En efecto, TDAH y Ritalina van de la mano ante la incapacidad pedagógica…

Como era de esperar, sin el acompañamiento pedagógico apropiado ni los diagnósticos necesarios, el niño desarrolló disociativamente sus capacidades mentales por encima de sus habilidades motoras de escritura; era muy veloz en resolver un problema, pero no podía desarrollar procesos explicativos de escritura, y esto también fue castigado por el sistema. Aparentemente el niño de seis años iba no menos de 3 o 4 años arriba que sus pares en habilidades cognitivas…

Llegó al MINED para buscar una solución y no se la dieron, y así comenzó un calvario, pasando de colegio en colegio, con el agravante de no contar con los recursos financieros para valorar otras opciones. Hasta por la Escuela de Jóvenes Talentos de la UES pasó el niño.

Ninguna institución educativa e instancia Estatal le ofreció ni si quiera una oportunidad diagnóstica para identificar las principales características que definen el potencial o los tres grandes rasgos que define el modelo Triádico de Renzulli: La capacidad intelectual, el compromiso o implicación en la tarea y la creatividad.

Es muy posible que muchos de estos niños inquietos que aparecen en las aulas aprendan distinto o más rápido, y el sistema no está preparado para resolver esta situación; y así, año tras año, frustración tras frustración, un niño genio o extraordinario comience a "domesticarse" hasta hacerlo normal, es muy triste.

Sabemos que desde el punto de vista pedagógico es muy complejo atender niños superdotados o con altas capacidades –cognitiva y pedagógicamente hablando-, pero el MINED debería contar con un mínimo equipo de especialistas para evaluar estas capacidades especiales y orientar a los padres, incluso ayudarles si son de escasos recursos.

Según estadísticas internacionales, aproximadamente entre un 0,42 y un 2 % de la población escolar son niños superdotados –con cociente intelectual alto- o con "altas capacidades" y esta población –sus padres- ni si quiera cuentan con una herramienta legal para exigir una educación acorde a sus necesidades.

Por el momento, mientras buscamos una escuela, la Fundación de Altas Capacidades de El Salvador (https://www.altascapacidadessv.org/) y el Instituto de Investigación para el Aprendizaje (www.iiasv.org) les abren las puertas a estos niños y niñas excepcionales…

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