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Se buscan héroes

“Lo único que necesita el mal para triunfar es que los hombres buenos no hagan nada”. Edmund Burke, legislador británico (1729-1797).
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La cita de Burke es tan cierta hoy como lo fue en la Inglaterra del siglo XVIII: cuando los buenos ciudadanos nos desentendemos de lo que hacen nuestros gobernantes, les permitimos a ellos que se aprovechen de los recursos del Estado y de nosotros. La complacencia de la ciudadanía ha sido un factor importante para que caudillos totalitarios alcancen el poder, desde Hitler hasta Chávez, y en El Salvador, nuestra apatía cívica les ha permitido a funcionarios de todos los partidos aprovecharse de sus posiciones para enriquecerse ilícitamente, lo que nos convierte tanto en víctimas de sus abusos como en cómplices al no denunciarlos.

Lo interesante es que todos creemos que cada uno de nosotros somos inmunes al mal. Individualmente estamos seguros de que ante la insistencia de otros de comportarnos de forma incorrecta, nosotros podemos resistirnos y actuar con integridad. Consideremos esta evidencia que sugiere lo contrario: en un par de experimentos psicológicos se ha podido ver lo fácil que es manipular a la mayoría de personas para que se vuelvan cómplices de acciones que van en contra de lo que deberían ser sus principios.

En el experimento de la cárcel de Stanford, dos grupos de estudiantes fueron designados como presos y carceleros. En relativamente poco tiempo, aquellos que jugaban el papel de carceleros empezaron a tomar acciones abusivas contra los que jugaban el papel de presos, mientras que estos últimos en su mayoría aceptaron el abuso al que fueron sujetos. En el experimento de Milgram, el investigador logró hacer que estudiantes de Yale le administraran choques eléctricos a otros sujetos hasta causarles evidente dolor, utilizando únicamente su autoridad como supervisor (las personas que recibían las descargas eléctricas eran actores y los choques eran falsos, pero los sujetos que los administraban no lo sabían).

El punto de estos experimentos es que la tendencia básica del ser humano es la de adaptarse a lo que la sociedad les dice que es aceptable, aun si esto va en contra de lo que cada uno de nosotros piensa que cree.

A pesar de esto, hay un porcentaje de personas que se rebelan a la presión social para hacer lo que consideran correcto. Estas personas típicamente comparten tres características: piensan por sí mismos y de forma crítica; son absolutamente fieles a sus principios; y no tienen miedo de actuar de acuerdo con ellos. Nosotros conocemos a este tipo de personas como héroes. Individuos como estos son los que defienden a aquellos que no se pueden defender por sí solos, son los que arriesgan su libertad y su vida para señalar los abusos de líderes totalitarios, son los que luchan contra las injusticias que son un producto de la apatía del resto.

El Salvador necesita más personas como estas. Personas de pensamiento independiente, con principios claros y con la valentía de actuar. Personas que puedan abrir el camino que el resto de nosotros debe de seguir para tener el país que todos merecemos. En resumen, El Salvador necesita menos villanos y más héroes.

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