Se cancela el TPS y se da un plazo para que los perjudicados encuentren salidas

Aparte de considerar que hay razones humanitarias decisivas para no perjudicar a los protegidos por el TPS, el trasfondo de dichas actitudes de rechazo y de persecución revela una actitud totalmente incompatible con los signos actuales de los tiempos.
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Como era de esperar, dado que la política de la actual Administración estadounidense es abiertamente antiinmigrante, la decisión sobre la suerte que correría el Estatus de Protección Temporal que se instaló en beneficio de los salvadoreños luego de los terremotos que sufrió nuestro país a comienzos de 2001 era un desenlace anunciado. Once prórrogas se dieron, porque precisamente se trataba de un programa temporal, pero durante todo aquel tiempo no hubo temor de que la protección llegara a su fin. Hoy, la conducción política vigente en Estados Unidos le ha puesto un tope a tal protección que está marcado en septiembre de 2019, lo cual de alguna manera deja espacio disponible para seguir gestionando lo que sería más beneficioso para todos, y muy en especial para los 195,000 salvadoreños amparados por la medida.

En los últimos meses, el ejercicio de presiones y de argumentos para mantener vivo el TPS que favorece a los salvadoreños residentes allá y a nuestro país en general se ha mantenido vivo y creciente. La labor que al respecto viene desarrollando el Gobierno salvadoreño ha sido y sigue siendo muy relevante. Y en esta lucha participan voces muy variadas dentro de la sociedad estadounidense, que provienen de legisladores y líderes cívicos, políticos, religiosos, sindicales y empresariales. Y esto no sólo es reacción en defensa de los derechos humanos de nuestros compatriotas sino una clara expresión de que va creciendo el rechazo contra una política antiinmigrante que se está queriendo imponer de modo tan contundente en una sociedad típicamente libertaria como es la de Estados Unidos desde sus orígenes.

Aparte de considerar que hay razones humanitarias decisivas para no perjudicar a los protegidos por el TPS, el trasfondo de dichas actitudes de rechazo y de persecución revela una actitud totalmente incompatible con los signos actuales de los tiempos. Se trata de tendencias regresivas que de distintas maneras se están manifestando en los planos globales, y que paradójicamente prosperan más en el mundo que se jacta de ser civilizado y desarrollado.

Sin duda, esto que está pasando con el TPS tendrá efectos muy adversos tanto en el país de destino, que es Estados Unidos, como en el país de origen, que es El Salvador.

En primer lugar, el desgarramiento de las familias es un hecho que atenta contra principios tan básicos como el derecho universal de los seres humanos a ser respetados en su condición esencial, sin diferencias de ninguna índole. Y además esa política que atropella a personas que han ido a buscar un mejor futuro por medio del trabajo honrado y de la superación constante incide de modo muy negativo en las dinámicas laborales donde se desempeñan.

Habrá que seguir luchando con todos los instrumentos legales y humanitarios pertinentes para que este entuerto le abra espacios a una solución permanente para los que por hoy están en el limbo de lo imprevisible. Y en nuestro país habrá que activar políticas y estrategias que les abran oportunidades reales y efectivas a cuantos tengan que volver. En todo caso hay que hacer cuanto sea necesario para preservar nuestra relación con Estados Unidos, que es esencial en todo sentido.

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