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Se continúa haciendo cada vez más patente la necesidad de establecer un diálogo efectivo y constructivo en el país, comenzando en el ámbito político

Y esto, además, les serviría a las fuerzas políticas para ganar credibilidad en el juicio ciudadano, que se siente tan desatendido en sus demandas más sentidas.
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Hasta la fecha, las resistencias al entendimiento entre fuerzas contrarias, especialmente en la dimensión política, han venido prevaleciendo sobre los dictados de la sana razón democrática; pero eso parece estarse debilitando de manera creciente bajo el empuje irresistible de la realidad en marcha, que va poniendo a todos los actores nacionales de cara a la inviabilidad del conflicto permanente, con evidencias cada vez más ineludibles e irrebatibles. En el punto en que ahora estamos ya prácticamente no hay ninguna salida alternativa a la falta de acercamientos reales; y esto se refiere, en primer lugar a las dos fuerzas políticas de más relieve, que son desde luego el FMLN y ARENA. El punto no es ya que ellos estén frente a frente sino que ambos, en paralelo, se pongan frente al espejo de la realidad en la que tienen por fuerza que moverse y necesariamente interactuar, aunque hay tantas evasivas de distinta índole y tono para no hacerlo.

La cuestión fiscal, evidentemente grave, debería ser un estímulo estructural para entrar en razón dialogante; y ahora el tema coyuntural del desmontaje de la Ley de Amnistía pone a los actores políticos, que también lo fueron durante la guerra, en posición de hacer cuerpo para que este hecho no se convierta en un detonante de más trastornos en el ambiente. En todo sentido se necesita, pues, que las voluntades más determinantes, por el peso que tienen en sus respectivos ámbitos de acción, se pongan en línea para empezar a desenredar el nudo de problemas que los salvadoreños tenemos entre manos, ya sin ninguna alternativa posible.

Aquí hay que puntualizar que ese diálogo de fondo que se está requiriendo para los fines antes esbozados tiene que organizarse de tal manera que no se recaiga en las superficialidades intrascendentes que han vuelto inútiles los intentos habidos hasta la fecha. Es cierto que de los diálogos multitudirarios tan en boga pueden salir algunos resultados específicos; pero en verdad de lo que se trata es de sentar las bases de los entendimientos sustanciales, que tengan capacidad de mover soluciones permanentes. Hay, entonces, que definir el método de trabajo conducente a una agenda básica de nación, y hacerlo entre los que verdaderamente pueden tomar decisiones de alto nivel y de manera reservada, para que los anticuerpos que nunca faltan no frustren la labor antes de que dé frutos. Después tendrán que venir las definiciones técnicas y los procedimientos de puesta en práctica.

En verdad sería un relevante salto de calidad en el desenvolvimiento de nuestra dinámica democrática el que se pudiera contar con ese sustento verdaderamente sólido en el plano político, de tal modo que se hiciera factible pasar después al despliegue en todos los otros campos. Y esto, además, les serviría a las fuerzas políticas para ganar credibilidad en el juicio ciudadano, que se siente tan desatendido en sus demandas más sentidas.

Las circunstancias apuntan afortunadamente en esa dirección, y hay que aprovecharlas de la mejor forma posible. Temas polémicos como el de los suplentes en la Asamblea Legislativa tendrían que ser manejados sin generar más conflictos. Lo principal es que la institucionalidad en todas sus expresiones funcione bien en medio de las diferencias. Todos tenemos que leer constructivamente los mensajes de la realidad, por alarmantes que parezcan, para sacar de ahí las buenas luces sobre lo que hay que hacer sin más tardanza.

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