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Se debería avanzar hacia un sólido y sostenible acuerdo fiscal para evitar el ir saltando de hoyo en hoyo

Es fundamental que todas las fuerzas políticas, y muy en particular los partidos mayoritarios, entren en fase de constante diálogo constructivo que pueda conducir a nuevos esquemas de funcionamiento.
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Las necesidades de la realidad nacional son cada vez más apremiantes, y esto presenta variadas facetas que hay que enfocar y atender en forma muy precisa y oportuna, sobre la base de una consideración integral de la compleja y aguda problemática que nos aqueja. Como ha sido cada vez más evidente a lo largo de todo este tiempo de posguerra, esconder problemas o tratarlos superficialmente lo que hace es complicar y agravar más las cosas, hasta volverlas inmanejables; es, para el caso, lo que ha ocurrido con las diversas formas de inseguridad, y muy en especial la inseguridad ciudadana, que se ha disparado por efecto del accionar del crimen organizado en sus distintas modalidades.

En el tema de seguridad se ha vuelto cada vez más imperioso tomar medidas tanto legales como institucionales que permitan avizorar soluciones efectivas, y esto por supuesto requiere hacer inversiones considerables en diversos ámbitos. Las medidas extraordinarias que se están poniendo en marcha tienen costos económicos, y hay ya una primera estimación gubernamental de más de 150 millones de dólares para el arranque. Parece que existe buen ambiente partidario para proveer estos recursos, pero desde luego los requerimientos se seguirán presentando y habrá que responder a ellos. Y así como en la seguridad en muchas otras áreas del quehacer público.

En nuestro país nunca ha habido una verdadera planificación de la gestión estatal, y eso ha determinado que tanto en lo que se refiere a las medidas en sí como a su financiamiento lo que haya prevalecido sea la improvisación coyunturalista. Dicha práctica riesgosa y en el fondo perversa ha llevado a más inseguridad, a más incertidumbre y a más imprevisibilidad. Al no haber una responsable y sistemática política de gasto a lo que se llega es al desorden y a la penuria. No es de extrañar, entonces, que el endeudamiento se haya convertido en una práctica de tiros al aire y que el déficit fiscal constituya una cadena cada vez más apretada.

En tales condiciones, lo que más urgentemente estamos necesitando es orden, disciplina y consistencia. Esto demanda que los distintos actores nacionales, y muy en especial los actores políticos, entren en una nueva ruta de racionalidad al servicio del bien común. En la temática fiscal ya no quedan márgenes para continuar en el forcejeo imprevisible cada vez que hay una necesidad de fondos específicos. Es fundamental que todas las fuerzas políticas, y muy en particular los partidos mayoritarios, entren en fase de constante diálogo constructivo que pueda conducir a nuevos esquemas de funcionamiento.

La lógica de una sana negociación consiste en que lo que se resuelva en la misma pueda ser sostenido y defendido por cada uno de los integrantes del esfuerzo. Y en esa línea, el acuerdo de sostenibilidad fiscal que las condiciones del país demandan no puede basarse en el interés político de nadie sino que tiene que sostenerse en la naturaleza de la realidad actual y sucesiva. Los cálculos partidarios siempre estarán presentes, pero hay que administrarlos con inteligencia, y tomando en cuenta no percepciones simplistas de blanco y negro sino análisis realistas de lo que la ciudadanía percibe como su interés real.

Si no hay una adecuada plataforma fiscal de largo alcance no hay forma de garantizar la dinámica del desarrollo suficiente ni de conjurar con anticipación crisis futuras.

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