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Se democratiza la representación municipal

No hay duda de que nuestro proceso avanza, lo cual es una enorme ganancia para todos, aun para los que continúan resistiéndose a reconocer y a acatar la lógica del mismo.
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Con el apoyo de todas las fracciones legislativas, salvo una, fue aprobada el pasado jueves en la Asamblea Legislativa la reforma a los artículos 220 y 264 del Código Electoral que permitirá incorporar en la configuración de los concejos locales el concepto de representación proporcional, lo cual sustituye al viejo sistema según el cual el partido que obtiene la mayoría de votos en el municipio se queda con todo el concejo. Esta reforma es evidentemente democratizadora y responde, en su base, al respeto que debe reconocérsele a la voluntad popular expresada en las urnas. El mecanismo usado para la distribución partidaria de puestos será el de cociente electoral municipal.

Aunque, conforme a la reforma, el partido que obtenga la mayoría en un determinado municipio tendrá lo que podríamos llamar representación privilegiada, este nuevo esquema permite ir avanzando hacia lo que debe ser en la práctica un gobierno local colegiado, en el que la representación plural haga posible que el manejo de los asuntos propios del municipio cuente con la participación de todas las líneas de pensamiento político, según han sido calificadas por el voto ciudadano. Se trata, sin duda, de un avance significativo en la ruta hacia una plena democratización, que es lo que debe ser el horizonte de nuestra madurez institucional progresiva.

La iniciativa de este cambio viene de lejos. Se hizo presente poco tiempo después del fin del conflicto bélico. Sin embargo, al estilo tradicional con que se manejan en el país iniciativas de esta índole renovadora, se quedó ahí, sin moverse de las gavetas. A comienzos de este año, la admisión de un recurso de inconstitucionalidad del artículo 264 del Código Electoral vino a lograr que la iniciativa se activara, ante la posibilidad casi segura de que la Sala declarara la inconstitucionalidad solicitada. Y ahora, anticipándose, la Asamblea hace la reforma que comentamos. Es evidente que las experiencias traumáticas de meses anteriores, cuando la rebeldía legislativa tuvo que someterse al imperio de la legalidad, está dejando huella saludable en el ámbito institucional.

Los argumentos que se vierten contra esta reforma en el sentido de que no hay suficiente “madurez política” para un cambio como el que representa la representación proporcional en los concejos carecen de valor real, porque en primer lugar la madurez se gana en la práctica y en segundo lugar porque entenderse entre adversarios es lo natural en la democracia. Por el contrario, lo que hará este nuevo esquema de gobernación local es inducir al compromiso compartido, aunque al principio eso pueda parecer o resultar traumático.

Si la representación proporcional en el plano legislativo viene operando desde los años sesenta del pasado siglo, no hay ninguna justificación para obstaculizarla 50 años después en el plano local, que es donde los funcionarios están en contacto directo y cotidiano con la población que los eligió. Este es un reto inevitable, cuya efectividad depende del comportamiento inteligente y responsable de todos. Y eso también lo irá midiendo la ciudadanía.

No hay duda de que nuestro proceso avanza, lo cual es una enorme ganancia para todos, aun para los que continúan resistiéndose a reconocer y a acatar la lógica del mismo. La democracia en acción tiene ese virtuosismo, que debería ser reconocido más allá de cualquier percepción sobre dificultades específicas que aparecen en la ruta. Y no nos cabe duda de que esta nueva experiencia democratizadora le aportará más solidez a la dinámica en marcha.

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