Se espera una leve mejoría económica en el país durante el año que está por iniciar

Un país como El Salvador tiene inevitablemente que abrirse hacia afuera, porque internamente nuestras posibilidades de expansión siempre serán muy limitadas, y hay que aprovechar las aperturas del mundo global para estimular ese tránsito.
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La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) presentó su Balance Preliminar de las Economías de dicha región en 2017 con previsiones para 2018. Según los datos de la CEPAL, en 2017 el crecimiento económico del país se mantendrá en 2.4%, pero se prevé que en 2018 se llegará al 2.5%. Hay aquí un ligero avance en la previsión, pues en su informe anterior la CEPAL estimaba que en 2018 la cifra sería igual que la del año en curso. Esto, aunque tiene su componente positivo, nos muestra que nuestro país aún se encuentra en situación comprometida en lo que al crecimiento se refiere, porque las cifras no se mueven con el impulso que se requeriría para hacer que la realidad nacional pase de la modorra que ya se ha vuelto consuetudinaria a lograr una dinámica expansiva que apunte hacia el desarrollo en las proporciones suficientes para poder considerar que el país va por el rumbo correcto.

Según la misma fuente, Centroamérica concluirá este año con un crecimiento de 3.3%, y con una expectativa del 3.6% para el año que viene; y lo que debe seguirnos preocupando y ocupando es que El Salvador continúa a la cola del vecindario, en una tendencia que por el momento no da señales convincentes de revertirse. Y es de tener presente que más allá de los problemas específicos, como es el caso de la inseguridad por obra del crimen organizado en el área del llamado Triángulo Norte centroamericano (Guatemala, El Salvador y Honduras), lo que en El Salvador está faltando desde hace mucho es una estrategia nacional que integre y active los necesarios esfuerzos en pro del desarrollo.

Como puntos prometedores en la línea de mejorar el crecimiento la CEPAL señala las exportaciones, la inversión extranjera y, en otro ámbito, las remesas que se reciben del exterior, principalmente de Estados Unidos. Los aumentos anuales en esos campos son reducidos, pero pueden considerarse de buen augurio en función de mejorar las condiciones de nuestro despliegue hacia el futuro. Un país como El Salvador tiene inevitablemente que abrirse hacia afuera, porque internamente nuestras posibilidades de expansión siempre serán muy limitadas, y hay que aprovechar las aperturas del mundo global para estimular ese tránsito.

Hay que soltar muchas amarras del pasado para lograr que salgamos a los nuevos espacios del progreso posible y factible. Específicamente en el tema de la inversión, tanto nacional como extranjera, habría que hacer de inmediato un análisis comparativo de lo que están ofreciendo los países del entorno inmediato para saber en concreto qué es lo que nosotros tenemos que ofrecer para entrar en la auténtica competencia. En esta época, cualquier enclaustramiento es una apuesta al fracaso, y más bien lo que los tiempos demandan es creatividad sin complejos de ninguna índole.

Los salvadoreños no podemos conformarnos con el crecimiento raquítico, porque en tal situación nunca podremos salir de los estancamientos que tanto nos afectan. Es de entender que un despegue real requerirá tiempo; y por eso emprender el esfuerzo decisivo no puede retrasarse ni un día más. No se trata de correr, sino de caminar con el ritmo adecuado y sostenido que las circunstancias permiten y demandan. Ojalá que 2018 traiga un manejo más inteligente y eficaz en todas estas cuestiones tan vitales.

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