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Se están ya definiendo los competidores para la próxima elección presidencial

A partir de lo que acaba de producirse en ARENA, que incidirá sin duda de manera decisiva en lo que hagan de inmediato las otras fuerzas políticas, se enfatiza el hecho de que la voluntad popular va ganando terreno de manera notoria e irreversible.
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La Prensa Gráfica

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El pasado domingo se realizó la definición del candidato presidencial del partido ARENA por medio del voto directo y secreto de la militancia de dicho instituto político. Esta es la primera vez que eso se da en esta forma en lo referente a la candidatura a la Presidencia de la República, y en tal sentido se trata de un cambio de gran significación no sólo para el partido aludido sino para todo el esquema partidario nacional. La ley establece que sea así, pero el ponerlo en práctica de una manera abierta y verificable constituye un avance verdaderamente modernizador dentro de un sistema electoral que viene evolucionando sobre todo en el curso de los tiempos recientes.

Dentro de lo que ha venido siendo común desde que la democratización tomó impulso más claro después del fin del conflicto bélico interno, está el predominio de las decisiones de cúpula en los distintos partidos políticos, muy en especial respecto de la escogencia de candidatos para ocupar las más altas posiciones de la estructura estatal. En un régimen presidencialista como el nuestro, la selección de las personas para competir por los cargos correspondientes ha sido una especie de acuerdo de capilla cerrada, en el que los intereses de grupos de poder son los que se imponen. Pero la evolución del proceso político, que es producto en buena medida de una participación ciudadana cada vez más consciente y activa, va poniendo las cosas en otro plano.

A partir de lo que acaba de producirse en ARENA, que incidirá sin duda de manera decisiva en lo que hagan de inmediato las otras fuerzas políticas, se enfatiza el hecho de que la voluntad popular va ganando terreno de manera notoria e irreversible. La ciudadanía no sólo está demandando cambios en lo referente a sus condiciones de vida, sino que está incidiendo en el manejo de la dinámica política, lo cual significa, inevitablemente, que el poder dentro de los partidos tendrá que ir adaptándose a lo que la realidad exige, dejando atrás progresivamente las fidelidades ciegas a los conceptos y a las líneas del pasado y poniéndose al servicio de lo nuevo. Esto, desde luego, es un proceso, que demandará muchos reajustes en las actitudes y en los modos de relación.

En sus primeras reacciones luego de que su candidatura fue proclamada de resultas del triunfo en las urnas, el candidato arenero se pronunció por la unidad interna, por la construcción de un Gobierno de primer nivel y por la búsqueda de acuerdos nacionales para enfrentar la problemática que tenemos pendiente los salvadoreños. En realidad, esas son tareas inexcusables, a las que hay que aplicarse cuando antes, porque hay que superar toda conflictividad estéril y todo estancamiento irrazonable. Esperamos que muy pronto los otros partidos hagan sus respectivas definiciones internas con la misma efectividad que acabamos de ver. Así se podrá dar una campaña que apunte de veras hacia adelante.

El objetivo de la unidad debe hacerse valer tanto dentro de los partidos como en lo tocante al país. Estamos en un momento crucial de nuestro proceso modernizador y hay que hacer cuanto sea necesario para que todas las soluciones se pongan en línea.

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