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Se ha llegado a un peligroso estado de emergencia fiscal por efecto de no haber cumplido con las responsabilidades en su debido momento

El descuido irresponsable lleva a la inoperancia crónica y ésta conduce al quebranto estructural. Es la ruta borrascosa que para desgracia ha venido haciéndose cada vez más común en nuestro ambiente, y por eso estamos como estamos.
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En ninguna otra circunstancia ha sido tan directamente aplicable a nuestra realidad nacional aquel consejo emanado de la sabiduría popular: Más vale prevenir que lamentar. Y es que ir dejando cabos sueltos y tareas incompletas es la mejor fórmula para llegar al borde del desastre en cualquier actividad de que se trate, y desde luego también en los diversos quehaceres institucionales. El descuido irresponsable lleva a la inoperancia crónica y ésta conduce al quebranto estructural. Es la ruta borrascosa que para desgracia ha venido haciéndose cada vez más común en nuestro ambiente, y por eso estamos como estamos.

En esta precisa coyuntura, ya nadie puede escapar impunemente del imperativo de encontrar en común salidas realmente viables a la situación que a todos de una u otra manera nos agobia. Las voces diplomáticas más cercanas al país y las indicaciones de los organismos internacionales correspondientes están haciéndose cada vez más apremiantes en la línea de impulsar dinamismos de solución a la crisis actual; y este apremio debe ser asumido inteligentemente por la institucionalidad como una muestra de apoyo práctico desde afuera, dejando atrás toda forma de rechazo infantiloide cuando lo que se recomienda no coincide con lo que quieren seguir haciendo los que están en ejercicio del poder.

Lo que hay que promover cuanto antes, y de manera creativa y efectiva conforme a las circunstancias actuales del país y de sus entornos, es el crecimiento económico, porque ahí está la clave de la solvencia económica y del progreso social. Es contraproducente al máximo el continuar con el endeudamiento compulsivo y con los parches improvisados; lo que hay que hacer es decidirse a ordenar la casa de veras a fin de que temas cruciales como el ingreso y el gasto públicos, el estímulo a la productividad y el fomento de la competitividad estén siempre en primera línea, sin distorsiones ni extravíos de ninguna índole.

Cuando hay emergencia, del tipo que ésta sea, es cuando más se necesitan las cabezas frías y las voluntades sensatas. En el país ya es tiempo desde hace mucho de salir del círculo vicioso de los exabruptos y de los berrinches para pasar a la esfera saludable donde se piensa antes de actuar y donde se actúa antes de perder el paso. El país necesita apuestas suficientes y concretas prácticamente en todos los órdenes, y dedicarse a definirlas y a activarlas es responsabilidad de los distintos actores nacionales, independientemente de sus intereses y de sus fidelidades ideológicas. Esto es lo que todos tienen el insoslayable deber de aceptar y de poner en práctica.

Se avecinan coyunturas políticas de alta intensidad y de gran desafío, como son las elecciones legislativas y municipales de comienzos de 2018 y las presidenciales de comienzos de 2019, lo cual genera apremios adicionales para las acciones inmediatas por emprender. Desde cualquier ángulo que se mire, el trabajo no puede esperar para mañana en ningún sentido y bajo ningún pretexto. Es ahora o nunca, y en eso consiste la verdadera emergencia que tenemos encima. Es cierto que hay cuestiones como la crisis fiscal que presionan angustiosamente, pero eso mismo obliga a tratar la problemática como un todo.

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  • crisis fiscal
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  • economia

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