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Se ha vuelto insoslayable implantar la disciplina financiera para que el sector público no llegue al colapso

Cualquiera que gasta más de lo tiene va en ruta directa al desastre anunciado, y esto se aplica tanto a los individuos como a las organizaciones y a las naciones.

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Se ha vuelto insoslayable implantar la disciplina financiera para que el sector público no llegue al colapso

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La situación de las finanzas públicas en nuestro país viene siendo de alto riesgo desde hace ya bastante tiempo, y eso ha propiciado que el Estado salvadoreño, en sus diversas ramificaciones, viva en un vilo constante, sin atinar hasta la fecha a reconducir sus procederes financieros, de tal manera que éstos estén en consonancia con las disponibilidades reales de la nación en el curso de su desenvolvimiento evolutivo. Cuando se dio el momento de la conclusión negociada de la guerra interna, luego de casi 12 años de conflicto armado en el terreno, hubo un despunte de reanimación muy motivadora en lo tocante a las posibilidades de un desarrollo creciente, pero eso operó sólo como un respiro de alivio, ya que no se emprendieron de inmediato las iniciativas reestructuradoras ni se tomaron a tiempo las medidas impulsoras; y así nos quedamos en una inercia que ha sido constante a lo largo de la posguerra.

No se puede dejar de lado, bajo ningún tipo de excusa, el hecho de que las actitudes superficiales y las decisiones irresponsables en lo tocante a las finanzas van creando una tendencia a la insostenibilidad que resulta altamente peligrosa en muchos sentidos. Cualquiera que gasta más de lo tiene va en ruta directa al desastre anunciado, y esto se aplica tanto a los individuos como a las organizaciones y a las naciones. En el caso de éstas, las catástrofes derivadas del mal manejo financiero presentan una gravedad colectiva de muy amplio espectro; y por eso hay que evitarlas a toda costa.

La disciplina es esencial para mantener la coherencia y la consistencia del accionar respectivo. En la dinámica política lo anterior se hace mucho más dificultoso porque los actores en juego, y sobre todo aquéllos que ejercen función superior, están constantemente asediados por el ansia de ganar simpatías y atraer voluntades; y entonces aquello de "después de mí, el diluvio" se vuelve una tentación irresistible. Cuando la impunidad puede hacer de las suyas, las consecuencias no les importan a los que se amparan en ella; pero cuando la impunidad va de retroceso, como es nuestro caso actual, irse sometiendo a la racionalidad disciplinaria se hace insoslayable, y ese es el mejor seguro de salud para el sistema.

Hay que fortalecer los ingresos, encarrilar los gastos y priorizar la disponibilidad financiera real hacia lo que puede servirles a la vez al mejoramiento de las condiciones de vida de la población y a la estabilización permanente del sistema en su conjunto. Al estar en vísperas del inicio de una nueva gestión ejecutiva, la ocasión es muy propicia para proponer iniciativas que garanticen mejor futuro en todos los órdenes y en beneficio general.

Temas como el del Presupuesto General del Estado, que ya está a las puertas en lo que corresponde a 2019, deberían manejarse hoy dentro del marco de esa disciplina a la que venimos refiriéndonos; y es factible hacerlo porque al estar abiertas las posibilidades de que gane cualquiera de los competidores a todos debería convenirles que haya sostenibilidad asegurada. Quedémonos atentos, pues, a lo que puedan traernos las semanas y los meses por venir.

Tags:

  • finanzas públicas
  • insostenibilidad
  • mal manejo financiero
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  • condiciones de vida
  • Presupuesto General del Estado

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