Se inicia la segunda etapa del año con nuevas perspectivas

El año salvadoreño se divide en tres partes, marcadas por dos paréntesis: el de Semana Santa y el de las fiestas patronales agostinas de San Salvador. Acabamos, pues, de concluir la primera etapa del año y vamos entrando en la segunda.
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El momento, entonces, es oportuno para hacer recuentos de lo recién pasado y para imaginar posibilidades de inmediato futuro. Como es perfectamente sabido, estamos inmersos en un ejercicio avanzado de nuestro aprendizaje democrático, y eso marca inevitablemente todo lo que pueda darse en el ambiente. Más allá de lo que puedan querer o hacer las voluntades individuales y colectivas, el proceso va imponiendo sus tónicas, en alianza con la realidad que a todos nos atañe.

Evidentemente, el acontecimiento político central durante la primera etapa del año fue la contienda electoral para renovar legislatura y concejos. Una contienda que resultó mucho más intensa que las anteriores de su misma naturaleza, lo cual indica de entrada que la conciencia ciudadana va poniendo más atención a los distintos momentos de decisión popular en clave representativa. Definidos los resultados de las urnas –con traumatismos administrativos sin precedentes— queda claro, una vez más, que el electorado, sin proponérselo programáticamente, le sigue apostando a un principio básico de la democracia: el reparto balanceado del poder. Ambos aspectos deberían inducir tanto reflexiones como posiciones de cara a lo que viene.

Ahora entra la segunda fase, de aquí a finales de julio. De seguro, el acontecimiento políticamente más significativo de los próximos meses tendrá como punto de arranque el 1 de mayo próximo, cuando tomen posición de sus cargos los nuevos diputados y las nuevas autoridades municipales. En la Asamblea hay una expectativa: cómo se organizarán las fuerzas, sobre todo a la luz de lo que ha ocurrido en las dos legislaturas anteriores, con el trastorno del transfuguismo incluido; y en el área municipal hay otra expectativa: cómo arrancarán de aquí en adelante los concejos plurales, que son un experimento que ya no tiene vuelta atrás. Tanto en la Asamblea como en los concejos lo que falta por ver es con qué niveles de madurez actuarán los que llegan.

En todo caso, la ventaja principal que se nos abre de aquí en adelante, al menos por 2 años y medio, es que no habrá procesos electorales en 2016 y en 2017. Tal como está diseñado el actual calendario electoral, un paréntesis semejante no podría darse hasta dentro de muchos años, porque si bien es cierto que entre 2021 y 2024 no habrá elecciones, las de 2024 serán presidenciales, legislativas y municipales, lo cual hará que la campaña se anticipe muchísimo. Hay que aprovechar al máximo los dos años que vienen, y, de ser posible, construir una agenda de reformas fundamentales. ¿Se lo estarán siquiera planteando las dos fuerzas partidarias más poderosas? Hay que recordárselo de manera persistente.

Tengamos claro, más allá de toda duda, que las responsabilidades democráticas se nos hacen a todos más apremiantes en la medida que el proceso avanza. El país está esperando respuestas precisas y concretas para sus problemas más complejos, como es, en primerísima línea, el de la inseguridad que tiene como foco el galopante accionar del crimen organizado, con las pandillas y el narcomenudeo a la cabeza. Pasada la refriega electoral, ya no hay excusa factible para no entrar en fase de entendimientos fundamentales. ARENA y el FMLN tienen que interpretar la voluntad ciudadana en función de la suerte del país, y no de sus propias y desfasadas neuras. Habría que apostarle a la racionalidad, que es la receta habilitante del futuro.

¿Hay algún obstáculo insalvable en la ruta de los consensos necesarios? Ninguno. Por el contrario, lo que hay es terreno fértil para la siembra de armonías saludables. A muchos todo esto les da miedo y angustia; pero es la receta del progreso en libertad. Ojalá que se pueda aprovechar el tiempo que se abre de aquí en adelante para desfogar rencillas y para emprender buenas obras. Todos tenemos que dar el ejemplo, y en particular los llamados a dar el buen ejemplo.

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