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Se llama Constitución y se pronuncia ¡obedézcanla!

Estamos en crisis.
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Se llama Constitución y se pronuncia ¡obedézcanla!

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<p>[email protected]</p><p>Tal cual, crisis, con todas sus letras. El aberrante show institucional entre la Asamblea Legislativa y la CSJ ha dejado al descubierto un entramado de acontecimientos que desafían cualquier lógica. Ya no se trata de un acto de desobediencia, esto supera la arrogancia, le saca tres cabezas a la insolencia, es la prepotencia en estado incandescente y aún así el adjetivo “aberrante” no le hace justicia.</p><p>&nbsp;</p><p>Tal parece que en este país, algunos funcionarios públicos hacen hasta lo imposible por establecer un proceso sistemático y premeditado para evitar la mejora como nación. Pareciera que el objetivo planteado es exactamente lo opuesto a trabajar por el desarrollo, por el progreso, por avanzar y salir adelante.</p><p>&nbsp;</p><p>Se supone que el Estado debe procurar el escenario político-económico idóneo para que sus ciudadanos puedan ser libres de alcanzar su máximo desarrollo. Esto implica establecer reglas del juego claras y apegarse incondicionalmente a ellas, sin peros, sin excusas: sin dobles elecciones de magistrados.</p><p>&nbsp;</p><p>En estos momentos, los tres poderes del Estado se encuentran dominados, de manera ilegal, por un solo partido político. Uno de esos poderes, el Judicial, ha sido tomado por la fuerza –en un acto solemne según Sigfrido Reyes–, inconstitucionalmente y con cerrajero incluido. La democracia salvadoreña ha sido violentada. ¡Qué buen incentivo para el desarrollo!</p><p>&nbsp;</p><p>Muchas han sido las manifestaciones de repudio ante la actitud de quienes están pisoteando frente a nuestras narices lo poco que va quedando de una democracia que costó sangre, vidas, ¡salvadoreños! hace tan solo 20 años. La sociedad civil se ha pronunciado, organismos internacionales insisten en el peligro de la vulnerabilidad del Estado de Derecho.</p><p>&nbsp;</p><p>Toda esta situación ha llegado demasiado lejos, estamos viviendo un momento histórico vulnerable y peligroso que ha puesto en riesgo la democracia. Por tanto, las manifestaciones de la sociedad civil no deben cesar. ¡Sigámonos pronunciando!</p><p>&nbsp;</p><p>Nos encontramos en la era de la información que ha transformado el papel de la ciudadanía dándole peso, ofreciéndole herramientas digitales para transmitir sus ideas y dotándoles con la capacidad de convertirse en multitudes inteligentes. Esta voz ciudadana debe ser escuchada fuerte, clara, contundente, pacífica, pero sobre todo unificada. Los intentos por dividir estos pronunciamientos con argumentos inválidos de lucha de clase no se han hecho esperar, pero el auténtico Estado de Derecho no obedece religiones, clases y mucho menos partidos políticos.</p><p>&nbsp;</p><p>Quienes estamos viviendo los frutos de la paz podemos –y debemos– generar una ruptura cultural con la tradición: Dejemos de pensar en lo que nos hace diferentes y concentrémonos en lo que nos une. La polarización no es más que un método para dividir, confrontar y debilitar. Merecemos un país en democracia, Estado de Derecho y libertad.</p><p>&nbsp;</p><p>Los ciudadanos tenemos el poder de elegir a los políticos que nos gobiernan y por tanto, de exigirles que cumplan las leyes que los rigen. Señores diputados: ¡La Constitución no es de juguete! ¡No es un adorno! ¡Hay que cumplirla! Salvadoreños, estemos vigilantes y dispuestos a alzar nuestra voz de descontento ante los desacatos que han convertido a la Constitución en letra muerta. Es momento de reaccionar, antes de que sea demasiado tarde y lo que conocíamos como El Salvador se convierta en un recuerdo de nación democrática.</p><p>&nbsp;</p><p> “Aunque no te ocupes de la política ella se ocupará de ti.” Yves Montand</p><p>&nbsp;

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