Se necesitan policías para cuidar a policías

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Dirigente gremialEl Salvador se ha vuelto tristemente de los países más peligrosos del planeta. Vemos decenas de asesinatos que ocurren a diario. Pero, para nuestras autoridades, obligadas a velar y dar seguridad a la población, los muertos ahora son simples estadísticas. Esta es una apreciación extremadamente fría, inhumana e irresponsable, y como valoración de la violencia parte de la policía y del gobierno es preocupante. No es esa la posición que los salvadoreños esperamos de quienes tienen a su cargo la conducción del destino nacional.

Sin embargo, tal comportamiento de los actuales gobernantes no es extraño y hasta cierto punto es entendible, porque ellos, mientras formaron parte de las fuerzas insurgentes, asesinaron a muchos compatriotas, soldados y gente común; y esos crímenes fueron convertidos en victorias celebradas. Es quizá por eso que a los actuales funcionarios la violencia no les inmute y menos si los asesinatos de policías, soldados y humildes conciudadanos se matizan solo en trágicas cifras... Bien dice la palabra: “Por sus frutos los conoceréis”.

Dentro de este terrible contexto es lamentable la pérdida de tanta gente inocente, jóvenes estudiantes y adultos trabajadores que pierden la vida de manera atroz, por la cruel delincuencia en manos de criminales cada vez más despiadados y sin escrúpulos que matan a personas honradas y esforzadas, a la que ahora se le suman hasta niños inocentes; solo por no poder pagar una “renta” impuesta impunemente, sin pensar que muchos negocios no producen suficiente ingreso para vivir y menos para cumplir con las exigencias delincuenciales.

Me viene a la memoria el tiempo de la guerra civil, en el que los campesinos eran obligados a incorporarse a las filas guerrilleras, y quienes no lo hacían los mataban.

Ahora el modus operandi de la guerra ha variado, pues ya no es militar sino social, y los facinerosos necesitan aumentar su malvado ejército a costa de remplazar a los criminales caídos por los continuos enfrentamientos frontales con la PNC y el ejército. Por eso están recurriendo al reclutamiento coactivo de adolescentes y jóvenes de escuelas que, por el mismo riesgo, están dejando de estudiar y muchos optan por migrar ilegalmente so pena de cualquier riesgo y peligro hacia Estados Unidos.

Hemos llegado a extremos de corrupción, violencia, delincuencia, narcotráfico y crimen organizado que hasta los mismos policías necesitan hoy de policías para que los protejan. No más se desplazan de sus respectivas delegaciones a sus casas o viceversa, y se activa el reloj de la vulnerabilidad que empieza a contar para ellos minutos de vida en riesgo. Pero lo más aflictivo para policías y soldados es que el peligro de la inseguridad ya se extendió hasta sus propias familias y amigos.

Para muchos ser policía o soldado ya no es un trabajo respetable pues están dejando de ser figuras de autoridad y orden y eso causa preocupación. Pero lo que provoca decepción y desmotivación laboral para policías y soldados es la abierta impunidad que el flexible sistema de justicia propicia a violadores, corruptos, asesinos, narcotraficantes y lavadores de dinero, al facilitarles libertad condicional con solo el pago de fianzas económicas y medidas sustitutivas, cautelares o precautorias. Realmente un pésimo mensaje al pueblo, porque quiere decir que el crimen de cualquier tipo cuesta poco, si se cuenta con influencias y dinero suficiente para comprar voluntades.

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