Se prohíbe quemar desechos

Hace poco escuchamos en las noticias que el MARN iba a prohibir las quemas de desechos agrícolas cuando hubiera vientos superiores a 60 km/h.
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La medida, según parece, es para tratar de reducir el riesgo de incendios, lo cual muestra un correcto interés, pero el problema es que va a ser difícil hacer cumplir tal prohibición. ¿Cómo va a saber una persona interesada en quemar rastrojos si la velocidad del viento ya llegó a 60 o quizás solo a 58 km/h? ¿Será culpable una persona si inicia una quema cuando la velocidad era 55 pero luego el viento cambió a 65 km/h? Se dijo que el MARN va avisar a la población cuando vengan vientos fuertes, pero el asunto es que los vientos no son uniformes, además pueden generarse en lugares donde nadie los está midiendo y cambiar dramáticamente de un momento a otro.

Una instancia como el MARN, además de tratar de reducir el riesgo de incendios, debería tratar de reducir la contaminación, porque aquí no se habla de riesgo sino de hechos con 100 % de certeza. Algunas personas piensan que al quemar algo la materia desaparece, es usual ver gente quemando basura y esparciendo las cenizas para librarse de sus desechos, incluso el MARN en su página web, al referirse a los desechos de pesticidas (toxafeno) que estaban en la salida de San Miguel y fueron incinerados en la cementera de Metapán, dice que los tóxicos fueron destruidos.

Ante estas realidades es conveniente recordar que una de las leyes fundamentales de la física es la ley de conservación de masa, que en el colegio nos la enseñaron diciéndonos que la materia no se crea ni se destruye, solo se transforma. Esto significa que al quemar desechos, los tóxicos que estaban en estado líquido o sólido se convierten al estado gaseoso y parte queda en cenizas tóxicas. Si un desecho lleva cadmio o mercurio, el fuego no destruye esos elementos, solo los transforma, pero tarde o temprano aparecen ocasionando problemas donde menos se espera.

Al quemar residuos peligrosos en la cementera de Metapán, esos venenos salen al aire, no solo como los elementos originales que entraron al horno, sino que además forman reacciones químicas entre ellos, inducidas por la alta temperatura (eso se llama sinergia) generando nuevos compuestos altamente nocivos como dioxinas y furanos. Luego la gente los respira o contaminan frutas y verduras o caen en la grama, los comen las vacas, pasan a la leche y terminan en el queso que compramos en el supermercado. Las empresas productoras de queso podrán pasteurizar la leche y dejarla libre de patógenos, pero no tienen capacidad de saber ni mucho menos de eliminar tóxicos químicos. La cementera de Metapán dice que al quemar desechos ponen filtros para evitar contaminar el aire, de ser así todos los venenos pasarían a la ceniza y lo que no nos dice la cementera es que la ceniza con tóxicos la agregan al cemento (le llaman coprocesamiento) y luego con ese cemento construimos nuestras viviendas. Además, científicamente hablando es imposible tener filtros 100 % eficaces.

Para resolver este problema lo que debe hacer el MARN es prohibir las quemas, no solo de desechos agrícolas ni solo cuando la velocidad sea superior a 60 km/h, sino en su totalidad, como la quema de residuos en la cementera, la quema de caña, la quema de residuos agrícolas que realizan campesinos, las quemas de basura en zonas urbanas y la quema de pólvora. El MARN tiene obligación de protegernos de la contaminación y por supuesto que no es tarea fácil, ya que se levantarán voces de protesta de empresas o personas interesadas en continuar con esa práctica, pero el MARN se debe a la población y no a intereses particulares.

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