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Se requiere un frente común para encarar en serio y a fondo la gravísima problemática de la violencia

La ciudadanía no aguanta más, y el desborde de dicha impaciencia podría convertirse en un riesgo más para el sistema de vida en su conjunto.
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La problemática de la violencia ha estado presente en la escena nacional prácticamente durante toda la posguerra y de seguro seguirá estándolo por un largo tiempo más, porque se trata de fenómenos que responden a causas estructurales, muchas de ellas de gran profundidad en el entramado social. Al ser así, la tarea por realizar en función de ir hallando las soluciones que corresponden a cada uno de los aspectos problemáticos en juego es de gran calado y de amplio alcance, si se quiere que el esfuerzo rinda los frutos buscados. Cualquier tratamiento que esté regido por criterios de oportunidad interesada o de dispersión superficial irá al fracaso o se quedará en las periferias.

Aunque todos los grandes problemas del país están necesitando enfoques concordantes y tratamientos interactivos, es en este tema crucial donde tal necesidad se muestra más urgente, porque las condiciones se complican en el transcurso del día a día, con una multiplicidad de hechos que ponen en jaque permanente a la institucionalidad y en congoja creciente a la población. Específicamente en lo que corresponde al combate de la criminalidad organizada, se han agotado ya todos los márgenes de espera para implantar la estrategia definitiva que lleve a la erradicación final del flagelo. La ciudadanía no aguanta más, y el desborde de dicha impaciencia podría convertirse en un riesgo más para el sistema de vida en su conjunto.

En ese orden de realidades, la colaboración internacional tiene un rol determinante, porque las principales dinámicas del crimen que nos azota no tienen límites locales sino que se mueven en los planos regionales. Tenemos, para el caso, lo que ocurre con el narcotráfico y con los desplazamientos ilegales de personas, en ambos casos en ruta hacia el Norte. Esto pone las cosas en un nivel de complejidad que nos atañe a todos. Hace poco, al hablar al respecto, la Embajadora de Estados Unidos en nuestro país expresó que “las soluciones para enfrentar una ola de violencia como la que hay en El Salvador ahora mismo requieren voluntad política y asignación de recursos por parte del Gobierno; pero también se requiere que los actores internacionales, los grupos de la sociedad civil, la empresa privada digamos todos ¡Presente! y hagamos un frente común”.

Dicho frente común exige no sólo aportes conforme a lo que cada quien puede dar, sino una determinación realmente compartida de cambiar condiciones internas que de distintas maneras y con diferentes expresiones nos afectan a todos. Lo primero, pues, sería tomar conciencia actuante de que este no es un problema exclusivo de nadie en la región, sino un desafío que se ha venido regionalizando y que hoy presenta follajes ampliamente extendidos.

Cada país, por supuesto, tiene su propia tarea por hacer, y eso no es transferible a ningún otro, porque cuando hay situaciones multidimensionales tanto en su composición como en su irradiación no existen recetas mecánicamente compartibles. Lo que sí se puede y se debe compartir son las experiencias derivadas del trabajo que haga cada quien y de la colaboración que le provea sustento y enseñanzas.

Esperamos que en efecto se constituya, sin necesidad de más solemnidades pero sí con los debidos enlaces complementarios, ese frente común de lucha contra todas las formas de criminalidad en el área, dentro de cada país y en el ámbito regional.

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