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Se tiene que generar una dinámica realista que conduzca al acuerdo nacional

Donde se continúan dando signos constantes de inmadurez es entre los distintos actores nacionales, y más específicamente entre los liderazgos de los mismos.
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A lo largo de las ya sobrepasadas dos décadas desde que se desenlazó políticamente el conflicto bélico interno, el imperativo de diseñar, construir e impulsar un acuerdo nacional sobre las cuestiones fundamentales de país ha venido presentándose recurrentemente en distintos momentos de este trayecto ya bastante dilatado. Dicha recurrencia no es casual: el Acuerdo de Paz cerró un capítulo histórico y abrió otro; y en este último todas las tareas por hacer quedaron a la espera de proyección y organización. Si las cosas vienen funcionando con tantas dificultades y quebrantos es porque no se han dado ni esa proyección ni esa organización.

El proceso democratizador y modernizador del país viene estando maduro desde hace ya bastante tiempo para recibir constructivamente un efectivo acuerdo de nación, que haga factible dirigir las energías nacionales en forma articulada y planificada hacia un progreso integral e integrador. Donde se continúan dando signos constantes de inmadurez es entre los distintos actores nacionales, y más específicamente entre los liderazgos de los mismos. En este último plano lo que se ve más bien es una especie de resistencia a reconocer que la realidad ya no es un campo de batalla sino un espacio para hacer compulsa permanente de ideas y de proyectos. Salir de ese campo artificialmente minado es lo que toca emprender de inmediato.

Hemos iniciado 2013 con una campaña presidencial en marcha, y de seguro a medida que vayan pasando los meses dicha campaña tenderá a acaparar todos los espacios. Por ello es clave aprovechar la primera mitad del año, antes de que la campaña entre en su recta final, para iniciar los acercamientos y tratativas tendientes a sentar las bases de ese acuerdo de nación que tanto necesitamos. Y el espacio de acción tiene que promoverlo el Gobierno, que al estar en su última fase podría con más facilidad ponerse por encima de sí mismo.

En este esfuerzo lo más importante de entrada son dos cosas vitales: alcanzar el acuerdo fundacional de entrar en serio en el trabajo que conduzca al acuerdo nacional de fondo y contar de inmediato con una agenda que permita ir dándoles forma a los entendimientos sucesivos. Lo peor sería querer empezar por el final, que son los acuerdos sobre temas concretos de la problemática nacional, porque entonces las diferencias entre sectores querrían asumir el protagonismo, como se ha visto tantas veces en este tipo de intentos. Habría que empezar por lo más general para ir pasando luego a las necesarias particularizaciones.

Por todo lo anterior es que hablamos de generar una dinámica realista, que dé las debidas señales en el sentido de la sensatez y la proactividad. Todas las fuerzas tendrían que someterse de entrada a una prueba de seriedad básica, como ocurrió en la primera etapa de la negociación de la paz. Porque si cada quien pretende desde el inicio imponer su agenda y hacer prevalecer sus propios intereses el fracaso sería otra vez vía cantada. Hay que entender y aceptar que el Gobierno que viene, sea cual fuere su signo, recibirá un encargo altamente complejo en todo sentido y no podrá funcionar sin una sólida base de acuerdo.

A este tema habría que darle el seguimiento adecuado, a partir de una iniciativa que tendría que hacerse sentir lo más pronto posible, porque los tiempos apremian. Si de nuevo se pierde la oportunidad, todos seguiremos pagando las consecuencias.

Tags:

  • recurrentemente
  • democratizador
  • campaña presidencial

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