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Se va haciendo cada día más urgente que haya un acuerdo fiscal que no sólo atienda lo inmediato sino que sea sostenible en el tiempo

El hecho de que la Sala de lo Constitucional haya suspendido la reforma legislativa que se hizo de la Ley del Fondo de Obligaciones Previsionales para obtener recursos destinados a pagar deuda es otra señal de que no hay cómo escapar al imperativo de tomar el camino recto en lugar de andar yéndose por veredas.
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Los apremios fiscales se vienen agudizando en el ambiente, y a diario surgen demandas y se activan emergencias en razón de las obligaciones gubernamentales que hay que cumplir de manera inexcusable. Puntos como el de las deudas previsionales pendientes, el del FODES no cubierto y el de los escalafones detenidos se hacen sentir en la conflictividad cotidiana, y esto va deteriorando cada vez más la atmósfera tanto política como institucional, dejando diversas secuelas adversas en el curso del proceso nacional. Lo que queda claro sin alternativas es que ya el país no puede seguir así, porque no sólo hay un deterioro gubernamental evidente y creciente, lo cual a todos nos afecta, sino que las posibilidades reales de desarrollo se ven directamente afectadas con las consecuencias negativas que son notorias.

Ante las estrecheces financieras asfixiantes que padece el Gobierno, derivadas en gran medida de un manejo muy poco responsable y consistente, las salidas ocasionales que han sido la tentación constante desde hace tanto tiempo ya no son manejables como tales, porque la inoperancia se ha venido acumulando hasta ser un lastre fuera de control. En tales condiciones, lo único funcional es entrar en razón dentro del manejo de la cosa pública, sin continuar gastando tiempo y energías en hacer reproches, buscar culpables e improvisar remedios de última hora. El hecho de que la Sala de lo Constitucional haya suspendido la reforma legislativa que se hizo de la Ley del Fondo de Obligaciones Previsionales para obtener recursos destinados a pagar deuda es otra señal de que no hay cómo escapar al imperativo de tomar el camino recto en lugar de andar yéndose por veredas.

En este preciso momento, lo que verdaderamente urge es sentarse en serio a construir un acuerdo fiscal que valga para hoy y sea funcional hacia adelante. El país no puede vivir con este tipo de angustias persistentes, que desde luego son previsibles si no se hace lo que se debe hacer. Los mecanismos de entendimiento usados hasta hoy ya mostraron su ineficiencia, provocada en buena medida por una metodología fuera de sitio. Hay que entenderse en lo básico para poder pasar hacia lo circunstancial; y eso implica que los actores más decisivos, como son el Gobierno y los dos partidos principales, el FMLN y ARENA, tienen que ejercer cuanto antes los liderazgos que les corresponden para salir del atolladero y pasar a una práctica que tenga viabilidad.

En lo fiscal, hay que partir inevitablemente de una disciplina que conduzca a la coherencia y al orden. En esa línea, se vuelve determinante que se activen los mecanismos de verificación del cumplimiento de la disciplina acordada, los cuales tienen que estar contenidos en la legislación que se establezca. Se trata de que la disciplina no sólo sea un ofrecimiento, sino que pase a ser una realidad comprobable, porque si no quedan abiertas las puertas del desorden y del abuso, como viene siendo hasta la fecha.

Insistimos en la necesidad de que los que tienen el mandato de hacerlo se pongan de acuerdo cuanto antes en esta temática tan decisiva, cuyo deterioro está causando daños graves para el país no sólo en lo interno sino también en lo internacional. Los salvadoreños no merecemos que esto ocurra, y los liderazgos involucrados tienen el deber de ponerse en línea con las soluciones pertinentes.

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