Se viene oyendo por ahí

La democracia es, sin ningún género de duda, el método más efectivo para garantizar un vivir político y social saludable y progresista; pero tiene un inconveniente que hay que saber administrar: exige estar constantemente en vigilancia de la política y en incidencia sobre ella.
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Es lo que los salvadoreños experimentamos en el día a día desde que la opción democratizadora se instaló de manera definitiva en nuestro ambiente, hace tres décadas y media. Este es un proceso acumulativo, que se intensifica con el tiempo. Hoy, los salvadoreños comunes y corrientes tenemos creciente presencia en el escenario nacional, y los políticos tienen que ir cediendo espacios que antes consideraban exclusivos. La política es nuestro pan de cada día, sobre todo porque el pan real escasea cada vez más. Alguien pregunta: “¿Ganaremos algo con todo esto?” La duda es válida, sobre todo porque son evidentes las mañas del mundo político. Pero la democracia exige fe en sí misma. Y hay que responder, entonces: “Ganaremos la posibilidad de ser ciudadanía consciente y activa, y nunca más rebaño sometido”. Y surge otra pregunta: “¿Y quién nos retribuirá tal empeño?” La respuesta, que surge de algún lugar no identificable, tiene ya tono de impaciencia: “¡El futuro, men, el futuro!”

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  • david escobar galindo
  • democratizadora
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