Sean santos porque yo soy “Santo”

Siempre que se celebra la festividad de la Semana Santa, en honor del santo patrono de San Salvador, algunas personas se afanan por hacer reservaciones vacacionales en los distintos hoteles, tanto fuera como dentro del país, conforme a sus posibilidades económicas, y los menos privilegiados casi siempre realizan algún tipo de excursión donde todos hacen “la cabuda” para poder pagar la unidad de transporte que los llevará a los distintos turicentros de El Salvador, de modo que interpretan la Semana Santa como una oportunidad de relajación vacacional donde se debe de olvidar las penas del estrés laboral o financiero.
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En ese sentido es importante recordar que el fin de las festividades de Semana Santa es de carácter religioso dado que su origen data desde la colonia española, ya que los españoles introdujeron estas festividades cuando impusieron el cristianismo católico para poder doblegar la moral de los pipiles y demás tribus indígenas, de modo que nos dotaron de religión y tradiciones, pero no nos enseñaron las inescrutables riquezas de la palabra de Dios de manera pura. (Todo era en latín).

Se olvidaron de instruir a los pueblos indígenas acerca de las verdades bíblicas, como por ejemplo: porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.

Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas. (Juan 3:16-20).

De tal forma que las festividades solo evocan la tradición, pero es fundamental recordar el verdadero significado de la Semana Santa que es la muerte, pasión y resurrección de nuestro glorioso Señor Jesucristo, tal como lo expresa el apóstol Juan en los versículos que anteceden.

Ahora bien, lo que ha sucedido es un sincretismo (mezcla de lo santo con lo pagano) por lo que debe separarse el acto de la pasión de Jesús con las festividades del mundo, ya que la muerte y la resurrección de Jesús es el acto más importante que ha trascendido la historia de la humanidad, el apóstol Pablo cuando les escribe a los filipenses lo define así.

Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa ha de aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.

En suma, la Semana Santa no es para buscar embriagarse ni para acudir a fiestas o carnavales bajo los efectos de las drogas en busca de aventuras sexuales de cualquier tipo. La Semana Santa es un tiempo de reflexión, para recordar qué es lo que Jesús espera de cada uno de sus hijos.

Por lo tanto es tiempo de que le busquemos con un corazón arrepentido.

Jesús dijo: “Sean santos porque yo soy Santo”.

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