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Sean un poco más serios, fiscales, policías y periodistas...

A medianoche llegaron unos “supuestos” 20 policías, una fiscal y asistentes (nunca se identificaron, llegaron con sus rostros cubiertos con gorros navarone); como es costumbre, con una almádena en mano derribaron la puerta, entraron a la casa de un amigo investigador y académico, quien vive con su abuelita...
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Con armas largas, comenzaron a intimidar y hacer preguntas, pero se habían equivocado de casa... Mi amigo –muy asustado– y su abuela al borde de un infarto no sabían qué sucedía; como es costumbre predominó la presunción de culpabilidad y no la de inocencia.

Ahora quedó un daño en la puerta del cual nadie se hace cargo; hasta se burló uno de los agentes de la PNC: “aproveche para reforzar la seguridad de la puerta”; y lo peor la dignidad de mi amigo y su abuela: los vecinos no saben que se equivocaron, pero perdurará el chambre “a saber en qué vueltas andaban”.

La historia no acaba ahí; los fiscales y los policías para garantizar el show andaban un séquito de periodistas, o mejor de pseudo-periodistas; en varios medios de comunicación se publicaron las tomas de este allanamiento, dañando más aún la integridad e imagen de las personas, afortunadamente no se publicaron sus nombres y sus rostros, aunque en un noticiero televisivo sí salieron tomas en dónde pude identificar a mi amigo.

¿Qué diablos se creen...?: dioses...; no se han dado cuenta de que la reputación de una persona es algo serio, y que difícilmente se puede restaurar luego de un escándalo de esta naturaleza; ¿ni siquiera les han dado un cursito básico sobre la Constitución, al menos de los artículos del 1 al 12?

No podemos amplificar la paranoia de la inseguridad y de la corrupción que vivimos a todos los ciudadanos; tienen que ser más serios y profesionales. No quiero imaginarme cuántas puertas derrumbadas por equivocación llevan en su haber, y de lo que sí nos damos cuenta es de la ineficiencia del aparato investigativo de la Fiscalía y la PNC, no logran cerrar un buen caso, todo se les cae, y ahí están algunos medios de comunicación haciendo eco de este pésimo espectáculo ciudadano, que lo único que logra es denigrar la salvadoreñidad.

Seguimos con políticas de seguridad para dos tipos de ciudadanos: los que tienen y los que no tienen; los grandes corruptos y ladrones se les escapan, van al hospital o pasan tres días presos y ya; mientras los que roban gallinas a la cárcel. Como decía Mons. Romero: “La justicia sigue siendo como la serpiente: solo muerde a los descalzos”.

No podía dejar de preguntarme: ¿Quién diablos autoriza los allanamientos equivocados?; ¿qué clase de jueces? Pues deben ser otros corruptos o ineficientes, ya que a los poderosos les avisan un par de días antes para que se vayan del país o desaparezcan las evidencias; mientras que a los de menos recursos le desbaratan las puertas y su vida.

Al parecer como que regresamos a los setenta y ochenta, en donde la “autoridad” está por encima de las leyes y los Derechos Humanos... ¿ir a hacer una denuncia de este caso...? Es un chiste, y seguramente nadie va a resarcir o a pagar los daños causados.

¿Pretendemos atraer inversores o crecer económicamente...?; con este Sistema Judicial difícil, con estos fiscales y policías menos, y con una tasa delincuencial y de homicidios tan significativa lo dudo. O hacemos las cosas con seriedad o profesionalismo o no vamos a ningún lado.

Señores fiscales, policías y periodistas, sean serios, sean más profesionales, no vengan de modo asolapado a contribuir con el desmadre criminal que tenemos; investiguen más y mejor, con cientificidad.

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