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Seguimos con otra película fuera de serie que queda en la memoria como un testimonio inolvidable

La fantasía es una de las grandes aliadas de la memoria. Y ambas son elíxires espumosos que nos permiten, a Dios gracias, permanecer activos en la ilusión del tiempo.
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La pasada semana hicimos recuerdo de “Enamorada”, una película mexicana de 1946, que ahora es un clásico indiscutible. En esa línea remembrante, este sábado hacemos remembranza de un filme estadounidense de 1956 titulado “Trapecio”, que contó con la dirección magistral de Sir Carol Reed y con las actuaciones espléndidas de Burt Lancaster, Tony Curtis, Gina Lollobrigida y Katy Jurado, un verdadero coctel de procedencias: Burt y Tony estadounidenses; Gina italiana; y Katy mexicana. “Trapecio” de seguro no ha alcanzado, en el aprecio de la posteridad, el lugar que tiene “Enamorada”, pero su aura de gratísimos efluvios sin duda la hace merecedora de un lugar entre las favoritas de siempre. Al menos eso es así en mi percepción personal, teñida sin duda por las evocaciones del momento en que la niñez está a punto de pasar a ser adolescencia.

La acción del filme se desarrolla en París, en el Cirque d´Hiver Buglione, que nació allá en tiempos de Napoleón III, en el siglo XIX. Ubicado en la Rue Amelot, es una verdadera institución en su ramo. Los protagonistas son un trapecista consagrado que tuvo un accidente que en buena medida truncó su carrera; un joven aprendiz de trapecista, que quiere llegar a toda costa al éxito definitivo; y una joven arribista que usa su presencia en el trapecio para despertar pasiones amorosas. La relación maestro-alumno entre Mike (Burt Lancaster) y Tino (Tony Curtis) se ve progresivamente invadida por las tácticas calculadas de Lola (Gina Lollobrigida); y así se va formando el triángulo que es al final el centro de la acción. Las emociones y las acrobacias en apasionante interacción. Y así se va evidenciando que la vida es como el triple salto mortal en el que Mike es experto y Tino quiere ser experto.

En la primera escena del filme, el personaje interpretado por Tony Curtis sale de la estación del Metro más cercana a la entrada del Circo y se dirige hacia ahí. Como al final de cuentas la nostalgia es un juego de imágenes, al recordar esa escena inmediatamente se me enlaza con una imagen propia. Hacía poco que yo había visto la película en el Cine Apolo de San Salvador cuando tuve la suerte insospechada de poder hacer mi primer viaje fuera del país, y nada menos que a París, donde mi tío Reynaldo (Galindo Pohl) ejercía un cargo en la UNESCO, allá en la Avenue Kleber, a unos pasos del Arco del Triunfo. Y en plan casi ceremonial, una de las primeras cosas que hice ya cuando me familiaricé con el funcionamiento del Metro fue tomar la línea que pasaba por la Rue Amelot para bajarme en la misma estación en que lo había hecho Tony Curtis. Ilusión cumplida.

Gina Lollobrigida fue una de las grandes figuras del cine italiano de posguerra, que tuvo en el neorrealismo su caracterización más relevante. En 1947 logró la tercera posición en el concurso Miss Italia, que ganó aquel año Lucía Bosé. Su notoriedad comenzó a crecer, y ya en 1953 estaba ubicándose en el cine hollywoodense. Así le llegaron oportunidades como “Trapecio”, en 1956, y “Salomón y la Reina de Saba”, en 1958. Luego, ya en los años sesenta, era una figura de primer nivel, siempre en competencia con Sophia Loren.

Allá en los años noventa, en el curso de una gira cultural, Gina tocó El Salvador. Tuve el inesperado privilegio de presentarle públicamente el saludo durante un almuerzo realizado en un restorán en la carretera hacia Los Planes de Renderos. Me miró con grata sorpresa cuando le traje a la memoria una de sus películas más antiguas y emblemáticas: “Pan, Amor y Fantasía”; y se le expandió la sonrisa cuando mencioné su participación en “Trapecio” con estas palabras simbólicas: “Tú, la gran diva que está hoy unas horas con nosotros, en realidad no eres Gina: eres Lola, la del trapecio eterno…” Entonces me regaló una fotografía de sus mejores tiempos, autografiada con una frase afectuosa, que guardo como un tesoro vivo. A comienzos de este mes de julio Gina Lollobrígida ha cumplido 89 años. Hace tiempos que dejó la actuación, y se ha dedicado a la fotografía y a la escultura, sus vocaciones originales.

En la pantalla evocativa, las figuras de Burt Lancaster, Tony Curtis y Gina Lollobrigida siguen balanceándose airosamente en los trapecios del Cirque d´Hiver. La fantasía es una de las grandes aliadas de la memoria. Y ambas son elíxires espumosos que nos permiten, a Dios gracias, permanecer activos en la ilusión del tiempo.

Tags:

  • cine
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