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Seguimos en las mismas: sin poder definir la hoja de ruta que nos pueda conducir a los entendimientos de país y a las soluciones subsiguientes

La situación nacional que vivimos en la presente coyuntura es multifacética y no puede ser caracterizada en forma simplista, aunque esa sea la tendencia prevaleciente. Este simplismo no es nuevo: en el país no hemos tenido experiencia democrática que se haya consolidado en el tiempo, y por eso aunque desde que concluyó el conflicto bélico y pasamos a esta nueva etapa de competitividad abierta entre todas las fuerzas nacionales la estabilidad del esquema político se haya mantenido invariable, la inhabilidad de dichas fuerzas para entrar en interacción constructiva da la sensación constante de que vamos a la deriva. Dicha sensación, que como tal es tan inquietante, constituye sin embargo el principal argumento para buscar salidas que abran los espacios de una definitiva estabilidad en movimiento, porque eso es precisamente la democracia en vivo: estabilidad en movimiento.
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Se sigue hablando de buscar acuerdos entre fuerzas en competencia constante, como son en primer lugar ARENA y el FMLN; pero hasta hoy no se pasa de las palabras a los hechos. ¿Y por qué no se pasa, cuando es tan evidente que mantenernos en este limbo convulso es lo peor que le puede pasar a la sociedad en todas sus expresiones? Para darle respuesta a tal interrogación, en primer lugar se tendría que despejar el ambiente de tanta hojarasca retórica. Si las fuerzas en juego quieren de veras entrar en una nueva fase en la que los acercamientos sean reales y los entendimientos se hagan viables tienen, en primer término, que dejar de agredirse verbalmente a las primeras de cambio. Un compromiso de reserva sería entonces la primera medida por asumir para poder ir entrando en el área de los esfuerzos verdaderamente fructíferos.

Una vez que se logre establecer dicha disciplina de contención verbal, que es decisiva para evitar que las palabras en vez de abrir canales de comunicación levanten barreras artificiales de mutuo rechazo, podría entrarse de veras en el esfuerzo de ir generando entendimientos progresivos. Para ello se requerirá definir el método de trabajo, que debe ser el adecuado en todo sentido para los fines propuestos. Tal adecuación tendría que partir de una evaluación sincera, desprejuiciada y suficiente de las condiciones de la realidad en acción. Dicho método ha de contener etapas realistas de desenvolvimiento, para evitar el zigzag de las improvisaciones, que es en lo que con tanta facilidad se cae entre nosotros.

Uno de los puntos fundamentales es la escogencia del orden de tratamiento de los temas. Comúnmente, el comenzar por las cuestiones más palpitantes del momento hace que la discusión se contamine de virus pasionales relacionados con los intereses concretos en juego. Por ejemplo, si en este momento se pretende iniciar la tarea consensual con algo tan cargado de crispación como es la crisis fiscal muy difícilmente se podría partir con éxito. Comenzar por lo más general sería entonces de seguro lo más recomendable. Lo que importa es que desde el comienzo se mantenga la buena disciplina: honrar lo acordado y cumplirlo sin excusas.

Tres términos son vitales en el empeño para que éste realmente prospere y fructifique: seriedad, contención y responsabilidad. La seriedad implica comportamientos confiables y respetuosos, que vayan creando acumulaciones positivas tanto en lo referente a las actitudes como a los acuerdos. La contención es producto del autocontrol, sin el cual siempre se vive al garete y con desgastes al acecho. Y la responsabilidad es la llave de las buenas prácticas, a las que hay que comprometerse en forma creíble y sostenible.

Todas las fuerzas nacionales, comenzando por las fuerzas políticas, están en el deber perentorio de ponerse en línea con lo que el país necesita y reclama, y que ya no es disimulable ni mucho menos ocultable. Hay que administrar con la debida sensatez las ansiedades electorales, que ahora mismo se van poniendo al rojo vivo, para dejarle espacio abierto al avance en el manejo efectivo de la problemática que agobia cada día más.
 

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