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Semana Santa 2017

¡Gracias a Dios volvemos a escuchar las cigarras que anuncian la llegada de la Semana Santa, periodo instituido por hombres, pero que es importante pues nos recuerda la muerte y resurrección de Jesús, que es muy valioso para todos (por cuanto todos pecaron, están destituidos de la gloria de Dios). Aun para aquellos corazones envenenados y manchados de una maldad ya no humana sino satánica (homicidios, robos, injusticias, crueldad, fornicaciones, adulterios, falsos testimonios, hechicerías, trinquetes, etcétera), siempre hay una esperanza (porque cuando abundó el pecado sobreabundó la gracia); y el sufrimiento de Cristo, su santo silencio, su mirada misericordiosa hacia los humanos aun cuando le quitaban la vida, son tips para nosotros los que por hoy poblamos la tierra, para recordar aunque sea de soslayo –ya que el materialismo que embarga a las grandes mayorías: el mar, las vacaciones, los bailes, la sexualidad, el licor, los viajes, las drogas, etcétera– casi no deja espacio para reflexionar sobre la majestuosidad del Altísimo, y para estimar cuán serio fue aquel sacrificio por amor a la humanidad, para instituir entre nosotros el Santo Evangelio cimentado en el nuevo y más grande mandamiento: “Amaos los unos a los otros”.
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La negación de Jesús a su Yo, el guardar silencio hasta ser muerto en una cruz, es un gran ejemplo para nosotros porque nos recuerda la necesidad que tenemos de renunciar a nuestro ego, que casi siempre busca el bien, la prosperidad y el gusto propios, y pensar un poquito en los de nuestro entorno, especialmente huyendo de cometer injusticias e ingratitudes contra ellos, máxime los más débiles, los desvalidos, los sin voz, los de abajo, los niños, los animalitos, las plantaciones, los que no nos deben nada, y aun con aquellos que talvez nos deban algo... Es que la vida se va como el viento, es una neblina; la fuerte y valerosa juventud es tan breve como un suspiro y cuando menos lo creemos, ya el bebé que nos volvió locos al nacer, ya es grande y nosotros cincuentones, sesentones, viejos, rumbo nada más a la muerte o a presenciar el Regreso de Cristo. ¿Y cómo haremos para ese encuentro ya sea con la muerte o con Cristo; será que no hay nada más después de la muerte; será que los sentimientos y las actitudes nuestros estarán siendo contabilizados por un Ente Superior; será que es tan simple solo salirse con la suya, sin un vuelto que recibir, a veces por nuestra descendencia?... ¿Qué acaso no hemos experimentado en carne propia los vueltos que la vida da en sus vueltas?

Anidamos tanto la tendencia al mal como la inconfundible voz de la conciencia. ¡Qué feo se siente hacer el mal, cómo duele y hace llorar... quisiéramos que fuera un sueño, pero el mal ya se hizo! ¡Fue lo que sintieron los sicarios de Cristo, aquellos que incluso sentenciaron que la sangre del Justo cayera sobre sus hijos!

La esperanza y la buena noticia es que por negros que sean nuestros hechos, mientras hay vida hay esperanza, y que el único pecado que nos perderá para siempre es ni reconocer nuestra maldad, ni que nos duela ni nos importe, y no cambiar ni querer hacerlo. Aquel Jesús manso y precioso es el mismo hoy día, a nadie obliga. Cuando lo rechazamos, Él con todo respeto se aparta, quedando nosotros en las garras del Averno, que tan mal paga a quien mejor le sirve.

La Semana Santa encierra esta reflexión. Démosle sano gusto al cuerpo, pero alimentemos a solas, con lágrimas del alma, a nuestro pobre espíritu: él nos lo agradecerá.
 

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