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Señales convincentes

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Rafael Ernesto Góchez / Colaborador de LA PRENSA GRÁFICA

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Al regresar de vacaciones de Semana Santa, un número significativo de conciudadanos se dedicarán principalmente a cinco cosas: (1) redoblar esfuerzos para mejorar sus ingresos y bienestar, (2) pagar las deudas que tienen con varios acreedores, (3) velar porque sus seres queridos lleguen sanos y salvos a casa, (4) dar seguimiento a las medidas antiinmigrantes en EUA, y (5) observar la elección de los magistrados de la Sala de lo Constitucional y del fiscal general en 2018.

Estos cinco puntos indican, entre otras cosas, que los salvadoreños viven en zozobra y en un entorno desfavorable para su seguridad humana. El problema de la trayectoria política es que El Salvador lleva varias décadas de estar dando vueltas en círculo y millones de compatriotas han decidido emigrar hacia otros países (a causa de la violencia política en el siglo XX y de la violencia delincuencial en el siglo XXI). Este fenómeno indica que los tomadores de decisión subestimaron el impacto de la desintegración socio-familiar provocada por la guerra civil salvadoreña y de la expansión del crimen en Mesoamérica.

En este marco, las nuevas cuentas nacionales indican que con la presente carga tributaria –arriba del 17 % del PIB– se superaría la meta prevista para el año 2019 en la Ley de Responsabilidad Fiscal (aprobada en 2016). Esta información económica ayuda a entender la desconfianza y el rechazo de miles de contribuyentes hacia los gobiernos que piensan que todo se soluciona subiendo impuestos. Por ello, los aspirantes presidenciales de 2019 enfrentan un gran reto y necesitan generar confianza en la sociedad salvadoreña. Conviene, entonces, enviar señales convincentes a la población. Aquí unos ejemplos.

Señal 1. El tema social se convierte en prioridad nacional. Se implementa una estrategia plurianual en contra de la pobreza y a favor de la inversión pública y privada en los catorce departamentos del país.

Señal 2. El ser humano se convierte en el centro de las políticas públicas. El Estado salvadoreño se enfoca y esfuerza para que la familia sea la unidad básica de la sociedad y para rescatar la escuela pública.

Señal 3. La ciudadanía apoya la transparencia y la aplicación de la ley. Esta acción reforzaría la lucha contra la corrupción e impunidad, y la convertiría en una agenda común de los movimientos cívicos.

Señal 4. El diálogo colaborativo suplanta a la retórica ideológica. Los aspirantes presidenciales de 2019 sustituyen la confrontación por el debate de propuestas de solución. Esta vía democrática ayudaría a superar la polarización.

Conclusión: las expectativas sobre el próximo gobierno están creciendo. El riesgo de este comportamiento colectivo es que los demagogos (mentirosos) y los populistas (usurpadores del poder público) se aprovechen de la desesperación ciudadana. Es crucial, entonces, generar confianza entre los salvadoreños. ¿Cómo se hace eso? Entendiendo y enfrentando la realidad nacional; colocando a la familia y la niñez en el centro de las políticas públicas; aplicando efectivamente la ley; rindiendo cuentas; mejorando los servicios y espacios públicos; y haciendo que los jóvenes asocien su proyecto de vida con el futuro del país. Todo ello se llama cohesión social. De ella depende la democracia y el futuro del país.

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