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Comicios tras comicios en El Salvador y nada parece ajeno, no hay nada que despierte la novedad, el mismo ritual eleccionario. Todo es una perogrullada. En estas recientes elecciones de alcaldes y diputados hubo unas propuestas de los candidatos que eran desternillantes, el nefelismo en estado puro, imberbes en ofrecimientos políticos, no pudieron rebobinar sus discursos.

La ansiedad y el deseo vehemente de arribar era evidente, casi desesperante, se sentían los personales estertores de esa dádiva económica. Hubo flaqueza de objetividad. Un recomendable a los nuevos funcionarios: no se hagan fotos y las publiquen en las redes sociales en grandes comilonas o disfrutando de viajes paradisíacos. Es un escarnio a la población de  bajos recursos. Alguna parte de salvadoreños andan como cuerdas de tololoche   bien estirados, incluso para algunos un dólar es lo que le acompaña en su bolsillo diariamente. Esto no deja de causar un poco de resquemor.

En otro orden de asuntos: ¿Qué grado académico debe tener un aspirante a la presidencia en nuestro país? Ese es otro de los bemoles en comento en los baños de pueblo. Una carrera universitaria es lo aconsejable, pero que la mantenga actualizada. Lo que falta es una persona con la cabeza bien amueblada que pueda crear recursos, que tenga capacidad de gestión e inversión, ya no se puede jugar a los vientos del azar, como dicen los preclaros no hay que confundir lo notable con lo notorio.

Un aspirante a la presidencia tiene que ser un lector empedernido, la cultura en general te da una visión panóptica de la vida y de los asuntos del Estado. Ser morigerado en sentimientos y acciones y que no exista embeleso ideológico. Tiene que saber imbricar la realidad económica salvadoreña y sus recursos, para  pergeñar un plan.

El problema de algunos seres humanos es que aprendemos un paradigma hace muchos años, lo replicamos y creemos en nuestra exigua cabecita que está vigente y con la aquiescencia de un séquito de zalameros que nos dicen que todo está bien. Muchos se visten con buenos ternos, manejan el lenguaje técnico, pero hay sencillez de pensamientos, no transmutan.

Un aspirante a la presidencia tiene que ser empático, responsable, que no padezca de autobombos, con carácter, que tenga un pleno control de sus emociones. Los salvadoreños somos avispados de ingenio despierto, solo observamos las gesticulaciones y ademanes de nuestros representantes y sabemos  lo que quieren y lo que van a decir, lo retórico, queda en segundo plano. Como decía mi madrina: “La gente no es que sea mala, uno es el que se  deja fregar”.

Una sugerencia para el próximo presidente de nuestro país es que se quite la indumentaria de profesional y se ponga la de guanaco y le ayude a los microempresarios y a la empresa en general, que potencie el turismo interno.

En otras notas de opinión, he manifestado que Sonsonate como departamento tiene tres estados climáticos: Acajutla,  Atecozol y Salcoatitán, y que los puedes visitar en el mismo día con un asequible costo. Hablando en primera persona, lo que percibo de nuestra cultura política en mi amado El Salvador es  mucha sencillez y los organismos internacionales nos observan.
 

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