Lo más visto

Separación de poderes

Enlace copiado
Centro de Estudios Jurídicos

Centro de Estudios Jurídicos

Enlace copiado

En 1983 se decretó nuestra actual Constitución. En ella, el artículo 85 dispone que nuestro gobierno es republicano, democrático y representativo. A partir del carácter republicano del gobierno de El Salvador, se retomó el principio que dos siglos antes había desarrollado Montesquieu: la separación de poderes.

En 1748, Montesquieu publicó su obra El Espíritu de las Leyes, en la cual señaló con tremendo acierto: "Cuando en la misma persona o en el mismo cuerpo de magistrados se hallan reunidos el poder ejecutivo y el poder legislativo, no hay libertad, porque se puede recelar que el mismo monarca o el mismo senado promulguen leyes tiránicas para aplicarlas tiránicamente. Tampoco hay libertad si el poder judicial no se halla separado del poder legislativo y del poder ejecutivo. Si se encuentra unido al legislativo, sería arbitraria la potestad sobre la vida y la libertad de los ciudadanos, pues el juez sería legislador. Si se presenta unido al poder ejecutivo, el juez podría tener la fuerza de un tirano. Nada cabría hacer si el mismo hombre o el mismo cuerpo de notables, o de nobles, o del pueblo ejerciera estos tres poderes: el de hacer las leyes, el de ejecutar las resoluciones públicas y el de juzgar los crímenes o los litigios entre particulares".

Esta importante teoría de la separación de poderes ha sido adoptada por todos los gobiernos republicanos del mundo, y el nuestro no es la excepción. En la sentencia de inconstitucionalidad 7-2005, la Sala de lo Constitucional expresó: "Simplificando su pensamiento [el de Montesquieu], la idea central era que el poder político no podía concentrarse en una sola persona, ya que inevitablemente tendería al abuso, arbitrariedad o tiranía (...) En el fondo, y más allá de su simbolismo, lo que esta teoría proclama –y así debe entenderse en la actualidad– es que el poder soberano del Estado, siendo uno solo, consiste en varias funciones, las cuales deberían siempre asignarse a diferentes funcionarios unipersonales o colegiados a fin de proscribir todo abuso de poder".

El pasado 3 de febrero fuimos testigos del triunfo electoral del presidente electo Nayib Bukele, y de la dramática caída de los dos grandes partidos que han dominado el juego político en las últimas décadas, quienes sin embargo mantienen una importante presencia en el órgano legislativo. Es indiscutible que una nueva etapa ha iniciado en nuestro país.

En este nuevo escenario, es preciso que continuemos avanzando y fortaleciendo el desarrollo del principio republicano a través del control interorgánico entre los órganos ejecutivo, legislativo y judicial; y evitar que exista un retroceso en los avances que se han logrado en este campo. Ello implica que cada órgano ejerza a cabalidad sus delicadas funciones, sin revanchismos políticos ni agendas partidarias, sino únicamente apegados al texto de la Constitución y las leyes, buscando siempre el beneficio nacional y reconociendo a la persona humana como el origen y el fin de toda la actividad del Estado.

De ahí que el reto que en los próximos años tienen la Asamblea Legislativa, el presidente electo y la Sala de lo Constitucional es mantener un balance adecuado entre la necesaria colaboración interinstitucional y el imprescindible contrapeso que supone el control interorgánico. Solo así, respetando el principio de separación de poderes, aprovecharemos esta coyuntura para fortalecer la República, y no para deteriorarla.

Tags:

Lee también

Comentarios