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Sesenta y cinco mil

Cualquier persona desempleada por cierre o por quiebra difícilmente tiene expectativas favorables.

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Sandra de Barraza - Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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LPG publicó un reportaje sobre la pérdida de empleos en la economía formal. El dato es impactante y fue la madera del día.

¿Qué significa que 65 mil personas hayan perdido su empleo? Con las fuentes de información mencionadas, fácilmente puede deducirse una considerable reducción en los ingresos de las AFP y del ISSS. Son estas fuentes de información la base para estimar la pérdida de empleos formales. Los cotizantes salieron del mercado y dejan de aportar para su futuro retiro. Sin embargo, el problema es el presente, ese presente que enfrentan los y las jefes de hogares ahora desempleados, para hacer efectivo el pago de facturas por servicios públicos, el pago de créditos hipotecarios y, sobre todo, el pago de lo necesario para la sobrevivencia del núcleo familiar entre otros.

Con este dato, serán al menos entre 228 y 260 mil personas la que están pasando duros momentos. Los jefes de hogar por la incertidumbre y la incapacidad de asumir su responsabilidad, y los dependientes por las implicaciones del estado anímico y el enrarecimiento del ambiente familiar. En el desempleo se refleja el cierre y quiebra de empresas como consecuencia de la cuarentena para enfrentar el covid-19. Las empresas, simple y sencillamente, no pudieron continuar con sus operaciones por cierre obligado, por falta de demanda o por falta de recursos. Y aquí... no hay amparo para declararse en quiebra.

Hay preocupación e inquietud. En primer lugar, porque no hay opciones de trabajo. La economía se ha contraído y anuncian que puede necesitarse entre un año y tres para recuperarse, aunque otros afirman que será más tiempo. Con este panorama, cualquier persona desempleada por cierre o por quiebra difícilmente tiene expectativas favorables. Y con el panorama mundial, difícilmente la emigración se convierte en opción.

Inquietud porque se ignora el número, tamaño y localización de empresas que han cerrado y las perspectivas que tienen seguramente no son alentadoras. El ministro de Trabajo, con su usual estilo sindicalizado, amenaza y anuncia sanciones. Pero... ¿de qué sirven las sanciones si los propietarios, generalmente empresarios comprometidos con el desarrollo y no con la riqueza como anuncia la presidencia, sencillamente se han quedado sin capacidad para operar y sin mercado?

Ojalá que por decreto se pudiera modificar esta situación, pero es imposible. Ojalá que las medidas que se han adoptado respondieran a la realidad de las empresas afectadas, considerando tamaño y sector de actividad económica. Afirmo ojalá porque en el discurso de funcionarios la sensación que generan es la adopción de medidas generalizadas, con requisitos que la gran mayoría son incapaces de cumplir. El diseño de estrategias requiere información confiable, comparable y oportuna. ¿Hay?

No habrá oportunidades de empleo sin empresas reactivadas. Y para reactivar a las empresas, que en su mayoría son micro y pequeñas, se necesitan medidas oportunas, inteligentes, creativas e innovadoras. La situación de las empresas es crítica y si no se dinamizan, difícilmente los 65 mil que perdieron su fuente de ingreso podrán recuperarla. Emprendimientos... sí, pero no hay que engañarse. Esto no dinamiza la economía y en el corto plazo no genera más que autoempleo con ingresos muy limitados.

La recuperación de la economía para el bienestar general es una tarea que demanda un enfoque común y mucho trabajo compartido. Y esto exige superar el empeño a fomentar la polarización social en la que el gobierno y sus funcionarios se ocupan.

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  • empleos
  • economía
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