Lo más visto

Más de Opinión

Sesión vespertina

Junto a la puerta imponente del gran salón donde habrán de reunirse los dignatarios provenientes de todas las latitudes hay un pequeño rótulo que parece improvisado: “Sesión de la mañana suspendida por fuerza mayor”.
Enlace copiado
Enlace copiado
Un hombre con pinta de mayordomo llega ante la puerta, la abre y penetra. La puerta vuelve a cerrarse. Como no es acción que se salga de lo común en el manejo administrativo, nadie se da por enterado de aquella presencia. Pasan las horas. La tarde está ahí. Hora de la sesión vespertina. Los dignatarios van llegando, con la parsimonia que les caracteriza. Y el asistente del primero que llega se da cuenta: la puerta está cerrada por dentro. Alguien va a avisar a la recepción, y se acerca un empleado con el llavero. Inútil. Ninguna llave funciona. Entonces hay que acudir al cerrajero. Los dignatarios se inquietan, como un grupo de indignados, de ésos que en las plazas y avenidas circundantes gritan consignas. Al fin se abre la puerta, y desde la calle se oye un clamor: “¡Hurraaa, se les cerró la puerta, como a nosotros! Ahora saben lo que se siente…” El mayordomo intruso se ha quedado adentro, invisible, quintacolumnista de los tiempos.

Tags:

  • Sesión vespertina
  • mayordomo
  • dignatarios

Lee también

Comentarios