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Si aceptamos que una madre pueda suprimir al fruto de su seno, ¿qué nos queda?

La coherencia con la paz exige el respeto de la vida desde su concepción hasta su ocaso natural, consideró San Juan Pablo II. Él siempre recordaba ante todo, el mensaje dejado por la venerable Madre Teresa de Calcuta: “Si aceptamos que una madre pueda suprimir al fruto de su seno, ¿qué nos queda? El aborto pone en peligro la paz en el mundo”. ¡Es verdad! No puede haber auténtica paz sin respeto de la vida, especialmente si es inocente e indefensa, como es la de los bebés que todavía no han nacido.

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Sherman Calvo / Colaborador de LA PRENSA GRÁFICA

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Una congruencia elemental exige que quien busca la paz defienda la vida. Ninguna acción por la paz puede ser eficaz si no se opone con la misma fuerza a los ataques contra la vida en cada una de sus fases, desde el momento en que surge hasta el ocaso natural. Estamos viviendo con profundo dolor el hecho de que ciertos diputados de la máxima institución legisladora en nuestro país decidieron acelerar la despenalización del aborto, tal es el caso de la diputada del FMLN Lorena Peña, quien manifestó recientemente en diferentes medios de comunicación: “Es urgente que se apruebe la despenalización de las cuatro causales de aborto antes de que cambie la legislatura, porque ARENA no tiene derecho a obligar a que las mujeres se mueran y que no puedan salvar sus vidas”. Esta iniciativa podrá hacer legal lo criminal, pero nunca podrá hacer moral lo que es abominable, como es el asesinato de seres inocentes en el vientre de sus madres.

Hace unos días, una mujer de origen dominicano fue detenida en España, después de ser encontrado el cadáver de un niño de ocho años en el baúl de su automóvil, hijo de su pareja y a quien confesó haber matado. “Le dio un golpe en la cabeza con la punta roma de un hacha y luego lo asfixió con frialdad máxima”. España y el mundo entero se conmocionaron ante este vil asesinato de un inocente de tan solo ocho años. Además de elevar una plegaria por el alma de ese niño inocente, me pregunto: ¿Cuál es la diferencia entre este aborrecible hecho y el asesinato de un bebé en el vientre materno?... ¿Que uno de ellos pudo nacer, tener un nombre, balbucear palabras, ser abrazado, escuchar su llanto y celebrar cumpleaños? Definitivamente ambos tienen derecho a la vida, ya que de igual manera, un bebé no nacido tiene alma, le late su corazoncito en sintonía con el de su madre, en el vientre materno es donde empieza a soñar, responde a los estímulos que provienen del exterior, como son las luces, los ruidos, la música y hasta caricias en etapas avanzadas del embarazo. ¿Puede un ser humano decidir sobre la vida de otro que singularmente es una criatura de Dios, pensada, formada, creada y sustentada por Él?

Nadie puede contradecir la ley suprema de Dios que nos ordena: ¡No matarás! La Iglesia, que fue convocada por Jesucristo para defender la vida y ser esperanza de vida aun en las condiciones más adversas, tiene ante sí una nueva oportunidad de responder con acciones concretas frente a la cultura de la muerte que buscan agendas anti vida.

El futuro de esta nación está en juego, pues ante el temor generalizado por la violencia en las calles, se suma ahora la violencia institucional, queriendo ser avalada por reformas de ley, que pretenden acabar con la vida de miles de niños inocentes, y que será causa del consecuente daño físico, moral y espiritual de las mujeres que vivan este trágico suceso al provocar el asesinato deliberado del ser más débil e indefenso de todos.

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