Lo más visto

Más de Opinión

Si algo ha existido siempre en nuestro ambiente es la voluntad de salir adelante pese a todas las carencias y adversidades

El espíritu nacional ha sobrenadado todas las turbulencias y transitado entre peligros innumerables. Es hora de rendirle honor en el plano de los hechos, dándole a cada salvadoreño el necesario salvoconducto hacia los espacios abiertos de su propio destino.

Enlace copiado
David Escobar Galindo / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

David Escobar Galindo / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

Enlace copiado

Para entender de veras lo que es y ha sido la realidad nacional en el curso del tiempo hay que asumir enfoques que no se queden en lo superficial sino que vayan hacia adentro, hasta lo más profundo. En cualquier tiempo y lugar los fenómenos humanos son complejos por naturaleza y a la vez son diferenciables por las circunstancias en que se producen. Nada es igual a nada, todo es diferente a todo, aunque desde luego los detalles y los matices nunca sean capaces de borrar lo que está en el fondo siempre: la identidad humana, que es compartida por todos los que tenemos tal condición. A partir de ahí hay que reconocer lo que es cada individuo y lo que es, en consecuencia, la colectividad nacional a la que pertenece. El Salvador, entonces, es un todo identificable, y dentro de ese todo también lo son los seres humanos que lo integran.

Anímicamente y conductualmente, los salvadoreños tenemos, por supuesto, nuestra marca propia. Vivimos en un pequeño territorio, en comunidades vecinas y en núcleos que se multiplican. Vivir en El Salvador es compartir inevitablemente limitaciones de la más variada índole, y pese a las grandes diferencias de posición social y de capacidad económica, lo esencial sigue ahí, con todos sus pros y sus contras. Entre esos pros, queremos destacar en este instante uno de los más significativos: el ansia de salir adelante, que se da en todos los niveles del cuerpo poblacional, y que en estos tiempos de cambio global expansivo se manifiesta con una notoriedad sin precedentes. Lo estamos viendo, con características lacerantes, en el fenómeno migratorio de estos días, que se expone a todos los peligros imaginables con tal de alcanzar sus metas.

Es válido, entonces, preguntarse: ¿Por qué, si ese espíritu de superación es tan visible y sensible en nuestro ambiente, la comunidad nacional en su conjunto se halla inmersa, prácticamente desde siempre, en un torbellino de inseguridades, de carencias y de frustraciones? La respuesta no puede ser sencilla ni improvisada: hay que reconocer, con todas las consecuencias del caso, que la voluntad también debe ser administrada, porque si no se queda en un simple impulso que no halla cómo concretarse en los hechos. Es justamente ese atascamiento un círculo vicioso el que los salvadoreños hemos venido padeciendo desde que tenemos memoria nacional. ¿Y de dónde surge esa limitación tan contrastante con nuestra voluntad de salir adelante?

Aquí hay que pasar al tema de la organización nacional, que es la base del funcionamiento constructivo. Los salvadoreños no fuimos capaces, en ningún momento de nuestro decurso histórico, de organizar el sistema de vida política para que estuviera acorde con el ánimo ciudadano. Dicho desfase se ha vuelto un desagüe creciente de oportunidades y una retranca persistente en la dinámica del progreso. Pero los salvadoreños han seguido buscando salidas, aunque sea distorsionadoras: la puerta falsa del crimen y los portillos riesgosos de la emigración, como las más visibles y persistentes.

Como efecto inmediato de lo anterior, el reto principal que trae esta precisa coyuntura evolutiva por la que vamos transitando consiste en armar en serio y con toda la efectividad debida un proyecto de generación de oportunidades para que los salvadoreños, sin distingos de ninguna índole, puedan concretar su voluntad de autorrealización progresista, tanto en lo individual como en lo colectivo. El sistema debe asumir la participación real y general como un componente insoslayable. Ahí está la clave de las soluciones factibles en todos los órdenes.

Si hay un capital social de magnitud sin límites ése es el que se alberga en la voluntad inquebrantable de los salvadoreños, y muy en particular entre los jóvenes, que vienen con todo a construir destino, aunque las desconfianzas y los desencantos les salgan, como sombras amenazantes, a cada paso. Por eso el tratamiento del tema vital de las oportunidades tiene que estar en la vanguardia de cualquier plan de nación que merezca el nombre de tal.

Nos encontramos a las puertas de un nuevo período presidencial, y lo que quisiéramos estar escuchando dentro de las distintas propuestas de los partidos y sobre todo de los candidatos es un señalamiento concreto al máximo sobre lo que se proponen hacer en el campo de las oportunidades. No el decir de siempre, sino el hacer en lo que viene.

El espíritu nacional ha sobrenadado todas las turbulencias y transitado entre peligros innumerables. Es hora de rendirle honor en el plano de los hechos, dándole a cada salvadoreño el necesario salvoconducto hacia los espacios abiertos de su propio destino.

Tags:

  • salvadoreños
  • fenómeno migratorio
  • voluntad
  • generación de oportunidades
  • candidatos

Lee también

Comentarios