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Si en una negociación política cada movimiento interno se ventila en público las posibilidades de avance se hacen cada vez más difíciles

En una mesa negociadora hay que tener la libertad y la flexibilidad suficientes para ir haciendo girar las posiciones respectivas hacia los puntos de encuentro, lo cual demanda una discreción básica en el manejo de los asuntos en cartera.
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Estamos en un momento de la realidad política nacional en que se hace cada vez más necesario llegar a entendimientos entre fuerzas partidarias para lograr que temas claves para la buena marcha del país vayan entrando en la vía de las soluciones sustentables. Este es un requerimiento que proviene de la misma dinámica del proceso nacional, dentro de lo que es el avance democrático que se va acumulando en el ambiente con el paso del tiempo. Si esto es así y no puede ser de otra manera, lo lógico y pertinente es ajustarse a las pautas de tal requerimiento, siendo la primera de ellas el asumir el método de la negociación como factor decisivo.

El punto crítico del financiamiento gubernamental es el que sobresale en la coyuntura presente, y a su alrededor hay cuestiones íntimamente vinculadas como el tema del cumplimiento del FODES, la satisfacción oportuna de las obligaciones crediticias de corto plazo y la problemática de los escalafones en el área de la administración pública. Todo esto implica estar en una tensión constante por la búsqueda de fondos, ya que las distorsiones presupuestarias y el gasto inmoderado le han ido cerrando los espacios a la normalidad de las finanzas públicas. A estas alturas, la crisis de dichas finanzas tiene al país en ascuas, y lo que se impone es ir llegando a acuerdos que destraben las decisiones sobre endeudamiento razonable conforme a las circunstancias que se viven hoy y que seguirán presentándose en el futuro inmediato.

Para lograr las mayorías calificadas que exige la Constitución para aprobar deuda pública, la correlación de fuerzas existente en la presente legislatura requiere del acuerdo entre ARENA y el FMLN. No se trata de una prueba de fuerza, sino de un ejercicio de inteligencia estratégica. Y la negociación es el único instrumento viable para ello. Lo deplorable es que los que negocian vulneran a cada paso las reglas de una negociación exitosa, ya que cualquier iniciativa es ventilada inmediatamente en público, lo que hace que las posiciones respectivas se estanquen constantemente. En una mesa negociadora hay que tener la libertad y la flexibilidad suficientes para ir haciendo girar las posiciones respectivas hacia los puntos de encuentro, y eso demanda una discreción básica en el manejo de los asuntos en cartera.

Lo que queda visible en toda esta temática es que inevitablemente hay que entrar en una fase de austeridad en el gasto público a la que se junte un dinamismo de acuerdos políticos para ir solventando situaciones relacionadas con necesidades que se vayan presentando en el camino. Es decir, hay que normalizarse tanto en lo financiero como en lo político. No hay que perder de vista que la cercanía de los próximos eventos electorales, que muy pronto estarán a las puertas, dificulta los eventuales esfuerzos, porque cada partido estará cada vez más determinado por sus expectativas en las urnas; sin embargo, a todos hay que demandarles que, en la medida de lo posible, sepan hacer distingos de realidades, para que no sea la sociedad en su conjunto la que siga pagando las consecuencias de no hacer las cosas bien y a tiempo, como ha sido lo común hasta la fecha.

Quisiéramos ver un cambio de actitud hacia lo constructivo en todas las fuerzas políticas y gubernamentales, independientemente de su signo y de su procedencia. El país reclama racionalidad en acción, y eso es lo que todos deben asumir y practicar.

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