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Sí entendemos, sí entendemos...

Últimamente nuestros servidores públicos se han dado a la tarea de reprendernos, de amonestarnos, de sacarnos tarjeta roja.
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Sí entendemos, sí entendemos...

Sí entendemos, sí entendemos...

Sí entendemos, sí entendemos...

Sí entendemos, sí entendemos...

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Los inmisericordes nos tratan de egoístas (faltos de solidaridad, no queremos darles nuestros ahorros, hay que obligarlos porque si no los desagradecidos no apoyarán al Estado), de ignorantes (o somos o nos hacemos, no queremos dotar de recursos al Estado para derrotar a las pandillas), de borregos y pasmados (los medios nos duermen y nos engatusan, no comprendemos la gran guerra mediática), de confundidos (los golpistas nos marean y se aprovechan), de desconfiados (no confiamos en ellos ciegamente, rehusamos seguirlos en el desfile de Hamelin), de ciegos (no vemos las grandes obras, un túnel aquí, un túnel allá), de total faltos de entendimiento en cuanto a la inversión energética (o entienden o entienden), entre muchos otros calificativos no muy halagadores.

Pues bien, la buena nueva es que en materia energética sí entendemos, inverosímiles de inverosímiles, sí entendemos. Entendemos, para nuestros propósitos, que una inversión, en el sentido económico, es una colocación de capital para obtener una ganancia futura, que resigna un beneficio inmediato por uno mayor en el futuro, por lo general improbable, a condición de riesgo. Entendemos también que hay dos protagonistas: el inversionista y el receptor, este último generalmente asociado a un proyecto. El inversionista, en el caso de nuestro querido El Salvador, somos los salvadoreños (los “jalvadoreños” y “jalvadoreñas” como nos llaman los servidores públicos, “miembros” y “miembras” de esta comunidad), específicamente el atribulado y “burricargado” contribuyente, quienes de una manera u otra terminarán pagando la inversión, ¿quién carga con el riesgo? ¡El contribuyente! Definitivamente no el servidor público.

También entendemos que el proyecto para que sea digno de consideración en términos de inversión, dar dinero a cambio de un beneficio futuro, debe de estar bien definido: el planteamiento del problema, la solución propuesta, los medios y recursos a utilizarse, la programación, el monto de la inversión requerida, asignación de responsabilidades y la clara definición de tres variables: el rendimiento esperado (cuánto o qué se espera ganar), el riesgo aceptado (qué probabilidad hay de obtener la ganancia esperada) y el horizonte temporal (cuándo se obtendrá la ganancia). Todo esto es necesario para que el inversionista, el contribuyente, decida si el “sacrificio” pedido vale la pena. Por un momento, estimados servidores públicos, pónganse en los zapatos del inversionista, el contribuyente, el objeto del solicitado sacrificio, y con la mano en la conciencia, reflexionen con la mayor sinceridad posible: ¿entregaría usted los fondos para proyectos energéticos si estos fueran suyos? Con la información proporcionada sobre los proyectos; con el récord y rendimiento (si así se le puede llamar) de anteriores servidores públicos; con la falta de transparencia en el manejo de las empresas “estatales” involucradas, con empresas receptoras no sujetas al escrutinio público, entre otros factores que hacen de la inversión solicitada una aberración, un amorfo engendro, ¿entregaría usted los fondos para proyectos energéticos si estos fueran suyos? Si en ausencia de los factores antes descritos la justificación se basa en eslóganes y campañas publicitarias; en “es que es necesario...”, en “confíen en nosotros...”; en “llegó la hora de hacer un sacrificio...”; con el agravante de una cambiante justificación de un día para otro, cosa que no inspira confianza; pues bien, entiendan o entiendan, este es el problema, mientras estas nefastas condiciones persistan nos seguiremos comportando como Judas Tomás Dídimo “ver para creer”.

Y aunque no lo crean, sí entendemos, todos entendemos, la señora del mercado sabe de inversión y riesgos, lo vive todos los días; como lo sabe el empresario de todo tamaño. Dios, Unión, Libertad.

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  • inversion
  • energia
  • impuestos
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