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Si la crisis del TPS no se resuelve favorablemente tendremos que enfrentar un desafío mayor

Desde cualquier ángulo que se mire la cuestión, nada de lo que podría ocurrir puede dejarse a merced de las circunstancias. Este es otro ejemplo palpitante de que los salvadoreños sólo tenemos una ruta disponible: la de actuar en conjunto como nación que somos.
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El dramático giro que la nueva Administración estadounidense le está dando al tratamiento de la cuestión inmigratoria constituye, sin duda, una prueba de altísimo riesgo para toda la gran comunidad de salvadoreños que llegaron a Estados Unidos en forma indocumentada. Como el tema, que es complejo al máximo y con gran variedad de expresiones en los hechos, no puede ser tratado ni mucho menos resuelto con decisiones de automatismo tajante, se vienen dando medidas habilitantes y paliativas como el TPS para comunidades específicas, entre las que está la de los salvadoreños residentes allá. Dicha medida tuvo de origen connotación temporal, pero a lo largo de 16 años se ha venido prorrogando sucesivamente, lo cual indica que es, por su propia índole, una medida con vocación de permanencia.

Si bien se ven las cosas, los casi 200 mil salvadoreños amparados por el TPS les aportan beneficios concretos tanto a la sociedad de destino, que es Estados Unidos, como a la sociedad de origen, que es El Salvador. Y es que del análisis de todo este caudaloso fenómeno migratorio lo que siempre queda en evidencia es que la inmensa mayoría de los migrantes, aun los que se van por imperativos de seguridad personal o familiar, llegan a hacer una nueva vida fundada en el esfuerzo y en el trabajo. Y esto no sólo se comprueba con las experiencias actuales, sino que puede rastrearse en todos los movimientos migratorios que se han dado a lo largo del tiempo en las diversas latitudes.

En el caso de El Salvador, cuya población es reconocida por su laboriosidad básica tanto dentro como fuera del país, ya se sabe que los salvadoreños en cualquier parte hacen lo posible por salir adelante. Y hoy, ante el riesgo cierto de que el TPS no se renueve definitivamente o se haga en forma insatisfactoria, tendríamos que prepararnos como país para habilitarles el mayor número posible de oportunidades de empleo y de autorrealización a los que tuvieran que volver. El Gobierno está anunciando la creación de oportunidades de inserción laboral y empresarial para los salvadoreños retornados, si es que tienen que hacerlo; y lo que se espera es que en esta ocasión el anuncio se concrete en opciones reales y suficientes, no sólo para no crear falsas expectativas sino sobre todo para estimular dinamismos exitosos.

La creación de oportunidades está vinculada, en todo caso, a la productividad en acción y a la competitividad satisfactoriamente aprovechada, y lograr ambas cosas siempre es un proceso; por consiguiente, lo que tenemos ante nosotros, si es que el retorno de connacionales se hace masivo, es un reto de grandes dimensiones, cuyos resultados y consecuencias dependerán del manejo que se haga de dicha realidad, de llegar a producirse como tal. En este momento, sin descuidar todas las perspectivas posibles, hay que concentrar esfuerzos de manera prioritaria en lograr que la suerte de nuestro TPS se mantenga favorable a los salvadoreños en su lugar de destino, esfuerzos que tienen que ser diplomáticos y políticos al mismo tiempo, ya que la decisión en Estados Unidos será esencialmente política.

Desde cualquier ángulo que se mire la cuestión, nada de lo que podría ocurrir puede dejarse a merced de las circunstancias. Este es otro ejemplo palpitante de que los salvadoreños sólo tenemos una ruta disponible: la de actuar en conjunto como nación que somos.

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