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Si no entramos en fase de planificación ordenada y coordinada, la situación nacional se irá complicando cada vez más

La institucionalidad, y muy en especial la de más alto rango político y administrativo, tiene que ordenarse por la vía de la planificación consecuente con la realidad. Esa es la disciplina básica que le corresponde, y que hasta el momento no ha asumido ni cumplido como se debe.

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La onda de los contagios de coronavirus ha seguido creciendo en nuestro país y en muchas otras partes del mundo, sobre todo por efecto de las distintas aperturas que se han venido haciendo urgentes porque las devastaciones económicas provocadas por la crisis están afectando a un interminable número de personas por todas partes. Estamos, pues, en un angustioso ciclo de daños sobre daños, y aún no se le ven salidas fiables y convincentes a toda esta problemática tan destructiva en tantos sentidos. Ante la inexistencia de medidas preventivas verdaderamente funcionales en el plano sanitario y por la falta de remedios que cumplan a plenitud su función curativa, lo que ha quedado a la mano son las cuarentenas obligatorias, que se han vuelto un recurso global. Y, como era previsible, este concepto de cuarentena tiene tiempo limitado y acarrea efectos económicos y sociales de gran impacto, que sería muy irresponsable desconocer o evadir.

Y aunque la pandemia despuntó con vigoroso ímpetu expansivo, se dio una actitud muy poco realista y descuidada en todas las latitudes, quizás imaginando arbitrariamente que el virus manejaría por su cuenta las curvas de ascenso y descenso de los contagios. Ya se vio, con dramática elocuencia, que eso no así en los hechos, y que sólo las medidas de disciplina personal y social son capaces de generar mecanismos de control que puedan funcionar de manera eficiente dentro de los márgenes de lo factible.

Y justamente es en los niveles disciplinarios donde se ha dado la falla mayor de la conducta institucional y ciudadana; y, por consiguiente, es ahí donde hay que poner el máximo empeño ordenador y disciplinador. En cuanto a la conducta personal, desde un inicio se debió emprender una campaña de concientización y de orientación que llegara hasta los últimos rincones de las comunidades, y en particular de aquéllas más vulnerables y expuestas, por su aislamiento o por su sobrepoblación. Necesitamos, y en todo momento hemos necesitado, un mapa situacional que permita definir las estrategias de acción en el terreno, haciendo que éstas no sean mero producto de consejos técnicos sino que incorporen, como factor determinante, la realidad efectiva de lo que pasa, enfocándola a fondo y definiéndola según vaya desplegándose sucesivamente.

La institucionalidad, y muy en especial la de más alto rango político y administrativo, tiene que ordenarse por la vía de la planificación consecuente con la realidad. Esa es la disciplina básica que le corresponde, y que hasta el momento no ha asumido ni cumplido como se debe. A estas alturas del acontecer pandémico todavía no hay un plan estructurado para encarar los efectos de la crisis, ni en lo sanitario ni en lo económico, y ahí está la raíz de las ineficiencias prevalecientes.

A la población hay que darle a conocer de la manera más minuciosa posible cuáles son las consecuencias de la indisciplina y de la rebeldía, tanto en la salud como en el incumplimiento de los deberes de higiene y de distanciamiento social. Es determinante al máximo que la población entienda y dimensione por qué el orden y la disciplina son fundamentales tanto para su sana supervivencia como para la salvaguarda de los derechos de todos.

Si todo lo anterior se da podremos pasar a la autodefensa generalizada, tanto en lo sanitario como en lo económico. Y tal integración de derechos y de deberes requerirá cada vez menos medidas coercitivas.

Ir a salto de mata es lo peor que puede pasar cuando se presentan situaciones tan complejas e insospechadas como la presente. Lo pertinente e inescapable es actuar con racionalidad armoniosa y sin pedirle peras al olmo.

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  • planificación
  • institucionalidad
  • disciplina
  • cuarentena
  • conducta

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