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Si no hay empleo suficiente y motivador la población nacional siempre va a sentirse desprotegida

Desde diversas fuentes de análisis y opinión se viene manifestando que las condiciones en que ahora se mueve nuestro sistema económico son muy adversas para el crecimiento y para el desarrollo, lo cual implica que las oportunidades escasean cada vez más para los salvadoreños que las necesitan y que el ambiente sigue sobrecargado de factores negativos.
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Si no hay empleo suficiente y motivador la población nacional siempre va a sentirse desprotegida

Si no hay empleo suficiente y motivador la población nacional siempre va a sentirse desprotegida

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Si algo constituye una realidad que afecta a la población salvadoreña con consecuencias altamente desestimulantes y angustiosas es la inconsistencia y la volatilidad del empleo. No es de hoy que los salvadoreños padecemos esta carencia que ya se volvió endémica; pero permitir que dicho estado de cosas se mantenga en el tiempo es hacer que la crisis de insostenibilidad financiera que afecta a tantos salvadoreños y a sus familias se vaya profundizando de manera progresiva. En nuestro país, el desempleo ha venido creciendo con el paso del tiempo, y si en 2007 había 125,470 cesantes en 2017 hubo 177,070; y si a ello se suman los que han buscado infructuosamente un primer empleo, las cifras suben a 146,983 en 2007 y a 208,694 en 2017, según la Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples.

Y como un dato adicional muy preocupante se indica en esa Encuesta que la causa principal del desempleo aludido es el cierre de empresas. Desde diversas fuentes de análisis y opinión se viene manifestando que las condiciones en que ahora se mueve nuestro sistema económico son muy adversas para el crecimiento y para el desarrollo, lo cual implica que las oportunidades escasean cada vez más para los salvadoreños que las necesitan y que el ambiente sigue sobrecargado de factores negativos. Como señaló FUSADES en su Informe “El Salvador. Año Político 2017-2018”, que evalúa el penúltimo año de la gestión gubernamental actual, la relación entre el Gobierno y el sector privado sigue dejando mucho que desear, ya que desde el área gubernamental no hay ningún movimiento real en la línea de generar confianza mutua y propiciar entendimientos para la toma de decisiones que alienten la reactivación económica.

Aunque desde los círculos gubernamentales se insista en afirmar lo contrario, evidentemente con el ánimo de obtener siquiera algunos beneficios de imagen, el estado de cosas prevaleciente no provee signos alentadores para el crecimiento de la economía, lo cual repercute de manera directa en la suerte adversa que padecen los salvadoreños en lo concerniente a su mejoramiento personal y familiar. Esto lo vive la gente en carne propia, como lo muestran todas las señales que se envían desde la opinión pública. Y es que si la inversión privada continúa siendo insuficiente y la inversión pública se mantiene raquítica, las perspectivas que se le presentan a la ciudadanía no pueden ser más desanimadoras; y eso hace que la atmósfera social sea tan proclive al desaliento y a la frustración, que contribuyen de modo persistente al deterioro generalizado.

No hay forma de potenciar el empleo y la empleabilidad hacia los niveles que tanto el país como la población requieren para asegurar progreso y prosperidad si no se impulsan iniciativas debidamente planificadas y organizadas al respecto. Y sólo si se da una conjunción real de voluntades tanto del sector público como del sector privado se puede concretar dicho propósito.

Todo lo anterior hay que considerarlo con mentes despejadas y con proyecciones sustentables. Posibilidades hay; lo que falta es viabilizarlas a partir de un compromiso de nación que verdaderamente se lo proponga.

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