Si no hay políticas en movimiento, de poco sirven las ideas en vuelo

En el caso concreto de El Salvador, las gavetas están llenas de diagnósticos y de propuestas, y lo que ahora se requiere es análisis creativo y disposición a entrar en línea de las acciones ejecutoras.
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<p>&nbsp;</p><p>En el período de sesiones de la CEPAL que se desarrolla en estos días en nuestro país están surgiendo diversos planteamientos y sugerencias sobre cómo enfrentar de la mejor manera posible el presente y el futuro de nuestra región, de cara a las realidades de un mundo en el que ya no hay nada escrito y en el que todo está prácticamente en vías de rehacerse. Los enfoques generales para una región como la nuestra, con tantas diferencias y contrastes, nunca podrían redundar en fórmulas de aplicación mecánica; y eso es lo que justamente nos han enseñado las experiencias y las distorsiones del pasado inmediato. Hay que generalizar particularizando. </p><p>Temas como el cambio en la estructura productiva, las transformaciones renovadoras en áreas como educación e infraestructura, la generación de empleo de calidad y el logro eficiente de un progresivo estrechamiento de las brechas sociales, entre otros, son cuestiones palpitantes que vienen rodando desde hace ya mucho tiempo. Aunque las nuevas ideas siempre sean valiosas y puedan resultar útiles como tales, lo importante de veras es emprender el esfuerzo de la acción. En el caso concreto de El Salvador, las gavetas están llenas de diagnósticos y de propuestas, y lo que ahora se requiere es análisis creativo y disposición a entrar en línea de las acciones ejecutoras.</p><p>El Salvador atraviesa un momento muy difícil, y decirlo así es remachar sobre lo mismo. Vamos a la cola del crecimiento en la región latinoamericana, y eso parece que ya no nos conmueve, lo cual es el signo más desalentador de todos. En lo que se refiere al gasto público, ya no vivimos ni siquiera al día, sino gastando lo del futuro para sobrenadar en el presente, lo que viene a ser no sólo irresponsable sino insostenible. La primera tentación es embarcarse en la cultura de la dádiva popular, que genera simpatías irrelevantes y perspectivas de alto riesgo. De alguna parte tendría que surgir un repique de alerta, que nos convoque a todos a la plaza del buen juicio y de las sanas correcciones.</p><p> De esta reunión de la CEPAL saldrán en el mejor de los casos buenas reflexiones, que no podrán ser originales ni tienen que serlo: bastaría con que fueran motivadoras en el sentido de enfocar la realidad más allá de los sesgos que son tan comunes en la burocracia, tanto nacional como internacional.</p><p> No es casualidad que los organismos internacionales, tanto políticos como económicos, hayan venido perdiendo credibilidad y, por ende, capacidad de impacto: en las circunstancias globales, regionales y nacionales que corren ya nadie puede sentir que está encumbrado en el Olimpo. Después de tantos fracasos, todo hay que ponerlo en cuestión. </p><p>En nuestro país, el imperativo inicial no es de proyectos o programas específicos, que hemos tenido a granel sin mayores efectos benéficos, y algunos más bien contraproducentes. Nuestro imperativo inicial es de encauzamiento de las funciones tanto públicas como privadas, en orden a integrar proyecciones, estrategias y políticas con un solo fin: sacar al país del marasmo y ponerlo en función competitiva actual en todos los órdenes. Hay que sentarse, en conjunto, a pensar sobre nuestra realidad y nuestras posibilidades, y, a partir de ahí, construir en común el proyecto de país que nos permitirá salir adelante. Es el método que han seguido las sociedades exitosas. Cada día resulta más absurdo el fraccionamiento pantanoso en el que estamos chapaleando. </p><p>Las pequeñas y mezquinas diferencias deben ser dejadas de lado de inmediato, para enfocarse y enfrascarse en lo real y significativo. Constituye misión patriótica y pragmática insoslayable.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>

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