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Si no se le pone atención al desarrollo territorial nunca habrá progreso completo

Resulta perfectamente lógico que los enfoques del desarrollo nacional tengan en cuenta las peculiaridades de nuestra situación en el terreno y en el tiempo, que nos ponen en constante exigencia de reconocer matices y destacar peculiaridades.

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Pese a su limitada extensión geográfica y a su tradicional sobrepoblación, El Salvador vive desde siempre un centralismo que crea serias distorsiones en el manejo de las realidades nacionales, que desde luego son multifacéticas. Hay unos cuantos núcleos concentradores tanto de la población como del poder, encabezados por lo que se conoce como el Gran San Salvador, que es la zona metropolitana donde casi todo confluye, creando así una dinámica absorbente, que hace que el país parezca un mosaico con unos cuantos puntos referenciales diferenciadores en medio de un conjunto de trozos que vegetan en lo marginal.

Así las cosas, resulta perfectamente lógico que los enfoques del desarrollo nacional tengan en cuenta las peculiaridades de nuestra situación en el terreno y en el tiempo, que nos ponen en constante exigencia de reconocer matices y destacar peculiaridades. El desarrollo, entonces, no puede ser visto y tratado como un desafío de características uniformes, lo cual deriva en la necesaria consideración de distintas áreas de desarrollo, como son el desarrollo humano, el desarrollo económico, el desarrollo local y el desarrollo territorial, ente otros. En lo que toca al desarrollo territorial, éste requiere que se vayan definiendo y activando focos de desarrollo, conforme a las características de cada zona del país, para ir armonizando al mismo tiempo todos los esfuerzos en una red que se retroalimente de sus avances específicos.

Allá a fines de los años noventa del pasado siglo se inició un ejercicio de planificación del desarrollo territorial que estuvo a cargo de la Comisión Nacional de Desarrollo, que dependía de la Presidencia de la República y tenía como encargo específico producir proyectos que al desplegarse en el ámbito territorial hicieran factible el progreso en áreas que venían estando tradicionalmente marginadas. Esa iniciativa visionaria la impulsó el ex Presidente Armando Calderón Sol, cuyo deceso ha ocurrido en días recientes. De ahí nacieron el proyecto de desarrollo de la Zona Norte del país, que recibió el beneficio del FOMILENIO I y tuvo como eje la Carretera Longitudinal del Norte, y el proyecto de desarrollo de la Zona Oriental, con el Puerto de La Unión como punto focal. Desafortunadamente la falta de seguimiento al FOMILENIO I hizo que todo aquel esfuerzo tan prometedor fuera quedando en el vacío; y la manipulación política de la concesión del Puerto, que ya se hallaba en manos de la Asamblea Legislativa al final del período presidencial que concluyó en 2009, impidió que tal proyecto, que enlazaría al Puerto de La Unión con Puerto Cortés en el Atlántico hondureño, fuera concesionado a un operador de nivel mundial como estaba proyectado y era factible en aquel momento.

Es verdaderamente lastimoso que otros proyectos elaborados por aquella Comisión, que fue disuelta en 2009, como el relativo al desarrollo logístico y agroindustrial de la zona de Comalapa y el referido al despegue del agroturismo en la Zona Occidental, hayan quedado engavetados sin darles ningún tipo de seguimiento por prejuicios políticos.

Si no se hubieran producido todos esos desaguisados, sería muy diferente la situación nacional, y habría otras expectativas sobre lo que se podría esperar del quehacer económico nacional, que sólo levantará cabeza si se van tomando, en forma coordinada y consecuente, las medidas que el buen tino recomienda.

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