Si nos vamos moviendo todos en la línea correcta hay significativas posibilidades de mejorar nuestra realidad en todos los órdenes

Y, como es natural, los primeros en ser enfocados y cuestionados al respecto son los encargados de la conducción nacional, muy concretamente en el plano ejecutivo, que es donde se proyectan e impulsan políticas de estabilidad y de desarrollo.
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Las más recientes encuestas de opinión se van haciendo más enfáticas en señalar que la ciudadanía quiere resultados concretos y desconfía de las declaraciones parcializadas. Esto no es casual, sino que responde a un dinamismo progresivo que es producto de la experimentación democrática en el terreno. La sinceridad de la opinión ciudadana constituye, sin lugar a dudas, un factor de impulso en términos de progreso amplio e indiscriminado, como realmente debe ser para que el país en su conjunto vaya avanzando en su propia realización nacional, que por supuesto va íntimamente vinculada con los desenvolvimientos del proceso internacional, en sus altibajos y en sus progresos.

Dentro de la lógica democrática, nadie tiene ni puede tener el poder absoluto, independientemente de cuáles fueren las respectivas procedencias o aspiraciones. La mejor prueba de ello es que los intentos de perpetuación, cualesquiera fueren las maneras de dirigirse hacia ello, acaban siendo movimientos fallidos. Lo que sí provocan tales intentos, abiertos o encubiertos, es incertidumbre e inseguridad, con las consecuencias nefastas que ello acarrea. Lo correcto y sensato es reconocer y aceptar que la lógica democrática relativiza el poder, fortaleciéndolo en vez de debilitarlo.

El punto concreto de la eficiencia se ha venido volviendo cuestión crítica, como lo indican las encuestas de opinión ciudadana. Y, como es natural, los primeros en ser enfocados y cuestionados al respecto son los encargados de la conducción nacional, muy concretamente en el plano ejecutivo, que es donde se deben proyectar e impulsar políticas de estabilidad y de desarrollo. Cuando los tratamientos de los problemas no apuntan inequívocamente hacia las soluciones de los mismos lo primero que surge es el señalamiento por la falta de eficiencia suficiente, y es un señalamiento que en vez de ser rechazado en forma autodefensiva tendría que ser asimilado de manera inteligente.

El estado actual de cosas en el país demanda, con urgencia cada vez mayor, que se limpie el escenario de confrontaciones estériles, para pasar en lo inmediato a una interacción política, económica y social que sirva de plataforma a las estrategias y a las iniciativas de tratamiento y solución de nuestros problemas principales, que son los que hasta ahora están más desatendidos. Aunque se sabe lo que está pasando porque la realidad nos lo restriega en la cara en el día a día, es necesario contar con diagnósticos técnicos actualizados, para que la estrategia integral que hay que construir y desplegar cuente con bases verdaderamente sustentadas y confiables. No se trata de corregir un punto por aquí y otro punto por allá: es indispensable que el fenómeno nacional en su conjunto, que tiente tantas aristas y nudos ciegos, empiece a recibir tratamientos integrales, correctos y efectivos, a fin de ir haciendo visible la luz al final del túnel.

Y, como hemos reiterado hasta la saciedad, lo primero es salir del círculo vicioso de las mutuas descalificaciones a las primeras de cambio, para entrar en una zona de respeto bien dosificado, en la que no se pretenda borrar artificiosamente las diferencias, pero sí se pongan las responsabilidades compartidas en primer lugar. Eso exige disciplina y paciencia, que son atributos indispensables para salir adelante en cualquier actividad.

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