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Sí, presidente, no es fácil gobernar... (y III)

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Alberto Arene

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Coincide esta tercera y última columna de esta serie, con la excelente propuesta del presidente Bukele de impulsar un plan de desarrollo coordinado por Ricardo Hausmann, uno de los economistas y estrategas de desarrollo latinoamericanos más calificados. Exministro de Planificación de Venezuela y ex economista jefe del Banco Interamericano de Desarrollo, Hausmann también es profesor en la Escuela Kennedy de Harvard y director del Laboratorio de Crecimiento de esa universidad, con amplios conocimientos y relaciones con muchos países, incluido el nuestro. Una iniciativa así es la que muchos estábamos esperando, pero debo admitir que esta superó mis expectativas.

Y lo hizo porque va mucho más allá de las propuestas tradicionales de formación de una comisión nacional de desarrollo integrada solo por salvadoreños; porque va al encuentro y se alimentará de las experiencias y prácticas internacionales más exitosas de desarrollo, y de académicos y actores claves de primer nivel internacional, incorporando a salvadoreños dentro y fuera de El Salvador; porque repensará el país desde El Salvador y Centroamérica dentro de los escenarios globales y prospectivos que determinarán las opciones de nuestra inserción internacional, priorizando las mejores y más viables; porque piensa y juega en grande, tanto en contenidos como en percepciones, en un país tan pequeño en territorio y recursos, que nos ha condicionado históricamente, intelectual y actitudinalmente, a que pensemos y actuemos en pequeño; y porque creará una agencia de desarrollo llamada a ejecutar el plan de desarrollo.
Hace 15 años, Ricardo Hausmann y el reconocido economista Dani Rodrik escribieron el artículo “Auto-Descubrimiento en una estrategia de desarrollo en El Salvador” donde afirmaron que “el presente régimen de políticas es insuficiente para la tarea de crear un ambiente en el cual puedan ser identificadas las nuevas ideas de producción que puedan llevar al país hacia adelante. Una estrategia concertada necesita ser desarrollada para este propósito”. Este descubrimiento de las potencialidades de producción de El Salvador sería, probablemente, uno de los puntos de partida del trabajo de Hausmann una década y media después.

El liderazgo del presidente para transformar el modelo con alguien como Hausmann y su equipo a la cabeza es lo que necesitamos, aunque nos asalta la duda si tendrá el tiempo disponible considerando su condición de profesor, investigador, asesor, consultor y principal estratega del plan de reactivación, reconstrucción y transformación de la economía venezolana cuando la oposición, con respaldo internacional, asuma –finalmente– las riendas del poder y de la reconstrucción de Venezuela, destruida y postrada después de dos décadas del desastre chavista.

El anuncio del presidente es precisamente el primer paso para liderar dicha transformación con un plan de país, para “que pasemos de ser un buen gobierno a ser ejemplo del mundo... Una referencia, un caso de estudio”... La idea es diseñar una hoja de ruta para que El Salvador se ubique en la categoría de “país milagro”.

Hace 20 años, titulé mi columna “Soñando el milagro salvadoreño de los primeros veinte años del siglo XXI”. Veinte años más tarde, talvez escriba sobre el sueño que hagamos en los siguientes veinte. Pero antes, la próxima semana, compartiré esa columna de ese sueño fallido, la de los primeros veinte años de oportunidades perdidas.

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