Si recorremos las décadas más recientes, tendremos un retrato hablado de lo que vivimos en este momento

El espejo más ilustrativo del presente está siempre ubicado en el pasado reciente, que permite recoger imágenes que vienen desde mucho antes, porque no hay que olvidar que todo proceso, de la naturaleza que sea, es un encadenamiento de causas y efectos.
Enlace copiado
Si recorremos las décadas más recientes, tendremos un retrato hablado de lo que vivimos en este momento

Si recorremos las décadas más recientes, tendremos un retrato hablado de lo que vivimos en este momento

Si recorremos las décadas más recientes, tendremos un retrato hablado de lo que vivimos en este momento

Si recorremos las décadas más recientes, tendremos un retrato hablado de lo que vivimos en este momento

Enlace copiado
Nada, absolutamente nada de lo que ocurre en cualquier momento, nace por generación espontánea: todo es efecto y causa al mismo tiempo. Al ser así, para entender todo suceso, y ya no se diga cuando se trata de fenómenos de dimensión colectiva, sean nacionales o internacionales, es indispensable reconocer antecedentes tan minuciosamente como sea posible.

En nuestro caso, podemos remontarnos en el tiempo hasta la década de los años treinta del pasado siglo, cuando se dio el levantamiento campesino de 1932, que fue leído en forma absurda por los liderazgos de la época. Hubo gran represión y afianzamiento del autoritarismo, en vez de aprovechar la traumática señal para emprender el proyecto democrático largamente postergado. En la década de los años cuarenta colapsó el martinismo, en un acto de extraordinario valor cívico: la Huelga de Brazos Caídos. Tampoco se aprovechó ese signo histórico para emprender la democratización ya urgente. El poder hegemónico quiso preservarse, aunque se vio en la necesidad de emprender reformas que en aquel momento se llamaron revolucionarias.

La década de los cincuenta trajo consigo una nueva y visionaria Constitución Nacional, con claros impulsos modernizadores. El tema social se hizo institucionalmente presente como nunca antes, pero en lo político la persistencia de la distorsión excluyente siguió viva en los hechos. Al inicio de los años sesenta el régimen vivió un Golpe de Estado con nuevos augurios, que fueron inmediatamente sofocados en enero de 1961. Pero aquella década trajo novedades políticas ya inaplazables, como el surgimiento del primer partido realmente moderno, que fue la DC, y la representación proporcional en la Asamblea Legislativa. El fenómeno sociológico también estaba mutando en el ambiente.

Llegaron los años setenta. Primer albor del conflicto bélico en el terreno. Surgía el sujeto revolucionario, que se enfrentaría al sujeto tradicional. El poder estaba en juego. En 1979 se rompe, con lo que sería el último Golpe de Estado, lo que llamamos triple alianza instalada desde hacía larguísimo tiempo en el país: cúpula económica, cúpula militar, cúpula eclesiástica. En 1980 irrumpe la lucha armada directa en el terreno. Y los años ochenta fueron copados por esa lucha, que no pudo culminar en victoria militar para nadie, gracias a Dios y al pueblo salvadoreño. Vino la paz a comienzos de los años noventa. Empezó las posguerra, y en ésas estamos.

¿Por qué decimos que lo sucedido en todas esas etapas cronológicamente escalonadas nos ofrece un retrato hablado de lo que ahora se vive? Porque las sociedades, como las personas, siempre son el resultado de los aciertos y de los errores vividos; y, en consecuencia, para entender el hoy se debe ir al encuentro de todas las imágenes sucesivas que le anteceden. En ese recorrido, lo que en primer lugar se evidencia es la falta de un proyecto democratizador oportuno y decididamente impulsado. Imaginemos lo que hubiera sido nuestro desenvolvimiento si la democracia se hubiera impulsado en los años treinta o en los años cuarenta en vez de esperar hasta los años ochenta, cuando ya teníamos encima la máxima conflictividad de todas, que es la guerra… ¿Fue evitable la guerra? Sí, de haber hecho lo necesario a partir de los años treinta. Qué diferente hubiera sido nuestro destino si le hubiéramos puesto atención estructural a lo que decía don Alberto Masferrer, inspirador genial incomprendido…

Pero hoy estamos aquí y ahora, y todos tenemos que responderles al aquí y al ahora, sin evasivas ni pretextos. No es cuestión de banderas, sino de agendas. Y las agendas de país siempre son una, aunque haya tantas resistencias a reconocerlo. Resistencias inútiles.

Tags:

  • david escobar galindo
  • levantamiento campesino
  • 1932
  • represion
  • autoritarismo

Lee también

Comentarios

Newsletter