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Si se quiere potenciar de veras la dinámica del desarrollo hay que generar claridad y seguridad en todos los sentidos

En nuestro país, la inversión está estancada, en contraste con lo que ocurre al respecto en los países del entorno centroamericano. Esto en el pasado era al revés, lo cual indica que algo de fondo ha venido fallando en El Salvador.
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El Salvador ha vivido y sigue viviendo una falta de dinamismo nacional que impide que las energías del país se conjuguen y se enrumben hacia el desarrollo que tanto se necesita para consolidar un país viable y progresista. El factor que debe estar en la base es la productividad, que mueve posibilidades reales de crecimiento, despierta energías aletargadas en el ambiente, dispara el emprendimiento social y motiva confianza en un futuro mejor para todos. Y la mejor prueba de que la productividad va en línea con la realidad es el impulso que recibe la inversión, que sólo se aclimata de veras cuando hay condiciones estructurales y ambientales para que eso se dé.

En nuestro país, la inversión está estancada, en contraste con lo que ocurre al respecto en los países del entorno centroamericano. Esto en el pasado era al revés, lo cual indica que algo de fondo ha venido fallando en El Salvador. No sólo habría que preguntarse qué es ese algo, sino decidirse sinceramente a entrar en una dinámica mucho más eficiente, con el realismo y la creatividad del caso. Habría que analizar realidades propias y conocer experiencias ajenas.

Hace unos pocos días estuvo en el país, en visita oficial, el Presidente de Colombia, don Juan Manuel Santos; y en las breves horas que duró su presencia entre nosotros se pudo evidenciar la fuerza de los lazos que unen a nuestros dos países, tradicionalmente y muy en especial en la hora actual. Colombia se halla inmersa en un esfuerzo pacificador interno de alta complejidad, y las lecciones del proceso de paz salvadoreño pueden ser muy útiles en la coyuntura presente, pese a las diferencias sustanciales que muestran ambas situaciones; y, por otra parte, la experiencia colombiana en casos como el del Plan Colombia pueden sernos muy útiles para encarar algunos de nuestros problemas críticos pendientes. En tal sentido, el Presidente colombiano se suma de manera explícita al apoyo al Plan Alianza para la Prosperidad del Triángulo Norte centroamericano, que se propone incidir en la solución de cuestiones tan agudas como la emigración de nuestros ciudadanos y la estabilidad de nuestras sociedades.

Como se ha demostrado sin ningún género de duda, muy poco se puede lograr si el crecimiento económico no se activa de veras; y para que eso ocurra es imperioso –como el Presidente colombiano lo ha subrayado– que haya claridad política, seguridad personal y seguridad jurídica. En otras palabras, es indispensable que la certidumbre y la confianza prevalezcan en forma progresiva y definitiva sobre la sospecha y la inseguridad, que son las que ahora predominan.

Afortunadamente, la transparencia va ganando terreno en todas partes, y ese es un factor realmente decisivo para estimular los procesos sanos y abiertos. En ese sentido, el destape de las viejas impunidades y de las tradicionales zonas oscuras es un hecho relevante de nuestros días, como se está viendo en casos tan escandalosos como el de los llamados Papeles de Panamá. Es como si en medio de las grandes perturbaciones que circulan por el mundo se estuviera levantando expansivamente una racha de limpieza que podría conducir a nuevas formas de ver las cosas y de hacer las cosas.

Ojalá que los salvadoreños nos decidamos de veras a hacer bien nuestro trabajo nacional, ya que las condiciones tanto internas como externas dan estímulo para ello. Es hora de sumarnos sin vacilaciones al empeño de avanzar hacia un futuro mejor.

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