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Siempre habrá diferencias ideológicas, pero hay que manejarlas con criterio inteligente y voluntad constructiva

Se manifiestan las intenciones de llegar a acuerdos por la vía del diálogo, pero no han acabado de expresarse dichas intenciones cuando ya están surgiendo las descalificaciones mutuas, con frecuencia de manera despectiva y ofensiva.
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Si bien hace ya casi cuatro décadas que la democracia comenzó a hacer su dificultosa andadura en nuestro ambiente, es notorio sin necesidad de más comprobaciones que la lógica democrática, cuya vigencia es inherente al buen desempeño de dicho régimen de vida política y social, aún dista mucho de ser el efectivo manual de procedimientos de nuestra vida nacional. Y precisamente lo que más se hace sentir como retranca constante es la inexistencia en el terreno de los hechos de ese proceder ajustado a la naturaleza del ejercicio democrático, que es el factor con mayor incidencia en la normalidad del vivir institucional y ciudadano. Es como si los esquemas mentales de la guerra continuaran queriendo imponerse en la posguerra, con todos los efectos desestructuradores que eso trae consigo.

La expresión cotidiana más patente de lo que señalamos es lo que ocurre en el tema de las reiteradas intentonas de generar entendimientos básicos entre las distintas fuerzas políticas. Se manifiestan las intenciones de llegar a acuerdos por la vía del diálogo, pero no han acabado de expresarse dichas intenciones cuando ya están surgiendo las descalificaciones mutuas, con frecuencia de manera despectiva y ofensiva. Lo primero que habría que hacer, entonces, de cara a la búsqueda sincera de consensos en beneficio de país, es comprometerse al respeto mutuo, sin que esto implique desde luego perder la libertad de hacer juicios serios de valor sobre lo que ocurre y sobre las respectivas responsabilidades.

En verdad lo que tendría que asumirse por parte de todos es una disciplina de sensatez y de buena práctica tanto en relación con lo que se dice como en función de lo que se hace. Por ahora, lo que sigue imperando desafortunadamente es aquello de que lo que se hace con una mano se deshace de inmediato con la otra. Así nunca vamos a llegar a ninguna parte, y los efectos negativos se continuarán multiplicando, en detrimento de la convivencia pacífica y de las posibilidades reales de avanzar por las rutas de un auténtico progreso.

Es importante destacar que las condiciones de la realidad actual apuntan hacia la implementación de dinámicas interactivas entre todos los sectores y actores nacionales. El pluralismo inherente a la naturaleza de cualquier sociedad, y por supuesto también de la nuestra, hace que haya siempre a la vez diferencias y coincidencias, aunque sean aquéllas las que siempre más se hacen ver y sentir. Ahí es donde hay que tener presente que la clave de todo manejo exitoso, en cualquier ámbito de acción y en especial en el ámbito político, está en el inteligente manejo tanto de las diferencias como de las coincidencias, de tal manera que aquéllas no deriven en conflictividad sistemática ni éstas desemboquen en complicidad reprobable. Específicamente en relación con las diferencias, la fórmula habilitante consiste en propiciar que se conviertan en oportunidades en vez de mantenerlas como candados.

Las diferencias ideológicas son las más difíciles de administrar, porque tienden siempre a volverse instrumentos de batalla. En ellas hay que trabajar con responsabilidad, de tal manera que se vayan dando progresivamente las depuraciones de conducta que la democracia demanda.

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